En dos años de gobierno de Javier Milei se destruyeron más de 5.000 empleos en el sector de ciencia y tecnología

En dos años de gobierno de Javier Milei se destruyeron más de 5.000 empleos en el sector de ciencia y tecnología

Desde la asunción de Javier Milei en diciembre de 2023, el sector de ciencia y tecnología en Argentina ha sufrido una pérdida sistemática de puestos de trabajo que supera los 5.000 empleos. Según el informe de Evolución de Empleo y Recursos Humanos elaborado por el Grupo EPC-CIICTI, especializado en el análisis del sistema científico-tecnológico nacional, se contabilizan 5.143 puestos eliminados en apenas dos años de gestión.
La mayor parte de esta destrucción laboral se concentra en los organismos dependientes de la Administración Pública Nacional, que perdieron 4.481 empleos, mientras que las empresas públicas del sector registraron una caída de 711 puestos. El impacto no es homogéneo, pero sí profundo: los organismos más afectados son el CONICET, el INTI y el INTA, pilares históricos del desarrollo científico argentino.
El informe señala que esta reducción no responde a procesos de modernización ni a reestructuraciones técnicas, sino a una política de ajuste deliberado, que incluye congelamiento de vacantes, no renovación de contratos, despidos directos y cierre de programas. La pérdida de recursos humanos calificados pone en riesgo no solo la continuidad de proyectos estratégicos, sino también el tejido institucional que sostiene la investigación, la innovación y la transferencia tecnológica en el país.
En el caso del CONICET, se observa una caída abrupta en el número de investigadores, becarios y personal técnico-administrativo. El INTI, por su parte, ha visto paralizadas áreas clave vinculadas al desarrollo industrial, mientras que el INTA enfrenta recortes que afectan directamente la investigación agropecuaria, en un contexto donde el campo sigue siendo uno de los motores económicos del país.
La política de desfinanciamiento también se refleja en la reducción de presupuesto operativo, la falta de insumos básicos, la discontinuidad de convenios internacionales y la pérdida de capacidad instalada en laboratorios y centros de investigación. A esto se suma la incertidumbre institucional generada por la falta de definiciones claras sobre el futuro del sistema científico-tecnológico.
El impacto no es solo laboral. La pérdida de estos empleos implica también una fuga de conocimiento, una ruptura en la cadena de formación de nuevos profesionales y una señal preocupante para las generaciones jóvenes que ven en la ciencia un camino de desarrollo y vocación. En muchos casos, investigadores formados en el país han optado por emigrar ante la falta de oportunidades, profundizando el fenómeno de “fuga de cerebros” que tanto ha costado revertir en décadas anteriores.
En un contexto global donde la ciencia y la tecnología son motores de desarrollo, competitividad y soberanía, el desmantelamiento del sistema argentino representa una decisión política de alto impacto. La destrucción de más de 5.000 empleos en el sector no es solo una cifra: es el reflejo de una orientación que pone en riesgo el futuro del país en términos de conocimiento, innovación y capacidad de respuesta ante desafíos complejos.
El debate sobre el rol del Estado, la inversión pública y el valor estratégico de la ciencia está más vigente que nunca. Y mientras se discute, los laboratorios se vacían, los proyectos se interrumpen y los científicos hacen las valijas.

 

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