La empresa láctea más grande del país, dueña de La Serenísima, cerró el primer semestre de 2025 con una pérdida neta de $869 millones. El dato contrasta con los $77.887 millones de ganancia que había registrado en el mismo período de 2024. ¿Qué pasó? El consumo no despega, los márgenes se achican y los ingresos extraordinarios por diferencias de cambio ya no están.
Más ventas, menos resultado
Aunque Mastellone logró vender un 4,5% más en el mercado interno y aumentó sus exportaciones un 2,2%, el resultado final fue negativo. La empresa procesó 3,65 millones de litros de leche por día y comercializó 678 millones de litros en total. Pero el crecimiento en volumen no compensó el deterioro de la rentabilidad.
El flujo de efectivo operativo cayó de $92.897 millones en 2024 a apenas $24.704 millones este año. El ratio de liquidez se desplomó de 1,80 a 1,10. Y una obligación negociable por u$s110,9 millones pasó a pasivo corriente, aunque la empresa confía en refinanciarla en 2026.
El consumo masivo, congelado
La propia compañía lo admite: “Nuestro mercado avanza más lentamente por el lento recupero del poder adquisitivo de la clase media y baja”. Mientras otros sectores como el automotor o los viajes muestran signos de reactivación, los alimentos básicos siguen estancados.
La leche, símbolo de consumo esencial, se convierte en termómetro social. Y Mastellone, que lidera el ranking de procesadores de leche cruda en Argentina, no escapa a la crisis.
¿Un síntoma más del modelo?
En 2024, la empresa había capitalizado la devaluación de diciembre y el fin de los programas de precios controlados. Pero ese alivio fue transitorio. Sin recomposición salarial real, el consumo interno sigue deprimido. Y sin ingresos extraordinarios, el balance vuelve a mostrar lo que hay: una economía que no termina de arrancar.
