Respuesta a la nota sin firma del Hogar de Niños “Conscripto Bernardi”

Respuesta a la nota sin firma del Hogar de Niños “Conscripto Bernardi”

Cuando el silencio institucional se disfraza de espiritualidad
La nota publicada por el Hogar de Niños “Conscripto Bernardi” no tiene sello, ni membrete, ni firma responsable. No dice quién la redactó, ni desde qué cargo se emite. Y eso, en cualquier institución pública, es grave. Pero en un hogar de niños, es inadmisible.
¿Quién escribió esa nota? ¿El personal realmente? ¿O el pastor evangélico que oficia como asesor espiritual de la directora y que, casualmente, ya había anticipado “novedades”? Porque el tono, las frases y el estilo no parecen surgir de una reunión técnica, sino de un púlpito. Y eso no sería problema si no estuviéramos hablando de derechos, de infancia, de gestión pública.
La nota no menciona el video que originó la denuncia. No hay compromiso de investigación, ni autocrítica, ni apertura al diálogo. Solo una defensa genérica que busca blindar una gestión cuestionada, mientras se omite lo esencial: el bienestar de los niños.
Tampoco se menciona el hecho más bochornoso: el desplazamiento de la comisión histórica del Hogar, integrada por personas que trabajaban ad honorem desde hace años. Fueron echados con presencia policial, como si fueran intrusos. ¿Eso también se llama “unidad”? ¿Eso también se guía por “el amor”?
Lo que se firma en esa nota no es convicción. Es obediencia. Obediencia a una estructura que mezcla fe con poder, religión con política, y que parece más preocupada por proteger cargos que por proteger chicos.
Una nota institucional sin sello, sin firma, sin responsable directo, no es seria. Es una maniobra. Y cuando esa maniobra se escribe con lenguaje evangélico, justo después de que el pastor de la directora sale a defenderla públicamente, la sospecha se convierte en certeza: no les importa lo que viven los niños. Les importa cuidar a una fiel.
La comunidad merece saber que el Hogar no es un templo. Que los niños no son rehenes de credos ni de cargos. Y que el respeto no se impone con miedo ni se firma por obligación.

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