La petrolera Shell aplicó un nuevo aumento en sus combustibles, marcando la tercera suba en lo que va del mes de agosto. Esta vez, el incremento fue del 1,5% para la nafta súper y del 1% para el resto de los combustibles, llevando el litro de diésel premium a superar los $1.730. El ajuste se concretó en los primeros minutos del viernes 8 de agosto, en medio de una seguidilla de actualizaciones que ya habían comenzado el 1° del mes.
¿Qué hay detrás de esta escalada?
• Impuestos actualizados: El Gobierno nacional dispuso una suba parcial de los impuestos a los combustibles líquidos y al dióxido de carbono, lo que impactó directamente en los surtidores.
• Dólar y costos logísticos: La disparada del tipo de cambio oficial y el aumento de los costos operativos también presionan los precios.
• Estrategia sectorial: Shell no está sola. YPF y otras petroleras han seguido el mismo camino, con aumentos similares en sus pizarras.
Editorial: ¿Ajuste o abuso?
Tres aumentos en menos de un mes no son una estrategia de corrección: son una señal de que el mercado de combustibles se ha convertido en un laboratorio de tolerancia social. Shell, como actor privado, responde a variables económicas. Pero cuando esas variables se alinean con la pasividad regulatoria y la fragmentación institucional, el resultado es una transferencia silenciosa de costos al bolsillo ciudadano.
Mientras el Gobierno posterga la actualización total de los impuestos para septiembre, Shell se adelanta y aplica aumentos parciales que, sumados, configuran una escalada sostenida. ¿Dónde queda el acuerdo de precios justos? ¿Qué rol juega la Secretaría de Energía en este juego de pizarras?
