Este lunes comenzó una semana de paro en las universidades nacionales de todo el país. La medida, que se extenderá hasta el viernes, fue convocada por la Federación Nacional de Docentes Universitarios (CONADU) y acompañada por la Federación Argentina del Trabajador de las Universidades Nacionales (FATUN). El reclamo es claro: salarios dignos, presupuesto adecuado y financiamiento para ciencia y tecnología. Lo que está en juego no es solo el inicio del segundo cuatrimestre, sino el modelo de universidad pública que Argentina quiere sostener.
La protesta se da en un contexto de tensión creciente. La Cámara de Diputados acaba de dar media sanción a la ley de financiamiento universitario, pero el presidente Javier Milei ya anticipó que podría vetarla. Mientras tanto, el Poder Ejecutivo continúa aplicando aumentos salariales unilaterales que rondan el 1% mensual, frente a una inflación que duplica ese ritmo. El resultado: una caída del 28% en el salario real de los docentes con dedicación simple y 10 años de antigüedad, según cifras oficiales.
El deterioro como política
“Ningún gobierno democrático ha producido un deterioro tan grande, tan profundo, tan cruel”, denunció Jorge Anró, secretario adjunto de FATUN. La frase no es exagerada. En los últimos dos años, el presupuesto universitario cayó un 32% en términos reales, según un informe de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ). El recorte afecta el funcionamiento básico de las universidades: desde el pago de servicios hasta la compra de insumos, pasando por becas, investigación y extensión.
Daniel Ricci, titular de CONADU, fue aún más contundente: “Estamos en el peor momento de los 40 años de democracia, incluso peor que en 2001”. La comparación no es solo retórica. En 2001, las universidades enfrentaban una crisis presupuestaria severa, pero contaban con cierto margen de negociación. Hoy, el diálogo está roto y las decisiones se toman de forma unilateral desde el Poder Ejecutivo.
¿Qué se defiende cuando se para?
El paro universitario no es solo una medida gremial. Es una acción política que interpela al conjunto de la sociedad. Las universidades públicas son espacios de formación, investigación y pensamiento crítico. Son también refugio para miles de estudiantes que acceden a la educación superior sin pagar matrícula, pero que ahora enfrentan aulas cerradas, laboratorios paralizados y becas congeladas.
La protesta busca visibilizar que sin presupuesto no hay universidad. Y que sin universidad, no hay futuro. El conocimiento no se improvisa, ni se sostiene con slogans. Requiere inversión, planificación y respeto por quienes lo producen y lo transmiten.
¿Y ahora qué?
Cada universidad definirá su modalidad de protesta. Algunas, como la Universidad de Buenos Aires, retomarán las clases con medidas de visibilización. Otras, como la Universidad Nacional de La Plata, mantendrán el cese de tareas toda la semana. Lo que une a todas es la certeza de que el ajuste no puede pasar por la educación.
El Gobierno, por su parte, enfrenta una disyuntiva: vetar la ley de financiamiento y profundizar el conflicto, o abrir un canal de negociación que permita recomponer mínimamente el vínculo con el sistema universitario. En cualquier caso, el paro ya dejó un mensaje: el conocimiento también se defiende. Y esta vez, lo hace desde las aulas vacías.
