Un relevamiento privado contrastó los principales indicadores productivos, laborales y comerciales de la Argentina entre 2023 y 2026, revelando un panorama de bajas mayoritarias en sectores clave de la economía durante la gestión de Javier Milei.
La industria es uno de los sectores más golpeados. La utilización de la capacidad instalada cayó casi 9 puntos porcentuales en tres años, reflejando la retracción de la demanda interna y la falta de inversión en maquinaria y tecnología. El retroceso industrial se tradujo en pérdida de empleo formal y en una creciente precarización laboral.
La construcción también sufrió un impacto severo. Entre noviembre de 2023 y febrero de 2026 se perdieron más de 81.000 puestos registrados, principalmente por la paralización de la obra pública y el encarecimiento de materiales. El sector, históricamente motor de empleo urbano, se convirtió en uno de los símbolos del ajuste fiscal.
En el plano laboral, el empleo privado registrado mostró una caída sostenida en comercio, industria y transporte. El fenómeno más preocupante es el desplazamiento de trabajadores hacia la informalidad: mientras la población ocupada creció, los puestos formales se redujeron, generando un mercado laboral más frágil y desigual.
La contracara de este escenario interno es el repunte de las exportaciones, impulsado por la suba internacional de la soja —que superó los USD 480 por tonelada— y del petróleo. Estos precios mejoraron el ingreso de divisas y dieron oxígeno a las reservas, aunque con bajo impacto en la generación de empleo urbano.
El contraste entre 2023 y 2026 expone la paradoja del modelo económico: mientras los sectores primarios y financieros se fortalecen, la industria, la construcción y el empleo formal se debilitan. El crecimiento externo no logra compensar el deterioro interno, y la disciplina fiscal se enfrenta al desafío de sostener la gobernabilidad en medio del malestar social.
En definitiva, el relevamiento confirma que la Argentina atraviesa un proceso de primarización productiva, con un Estado que ajusta gastos y un mercado laboral que expulsa trabajadores del circuito formal. El desafío para el Gobierno será transformar el viento de cola externo en un desarrollo inclusivo, evitando que la economía se reduzca a exportar materias primas mientras se erosiona la base laboral urbana.
