Las declaraciones de Ballejos vuelven a poner en primer plano la discusión sobre el sistema de comedores escolares en Entre Ríos. En medio del debate por la implementación de un esquema centralizado de provisión de alimentos, el funcionario subrayó la crudeza de la realidad cotidiana: hay escuelas donde los alumnos reciben como desayuno una simple manzana o un mate cocido.
El planteo desnuda la distancia entre las discusiones administrativas y la urgencia social. Mientras se analizan actas, normativas y criterios de financiamiento, la vida diaria de los estudiantes transcurre con prestaciones mínimas que difícilmente puedan considerarse suficientes para garantizar una alimentación adecuada.
La frase de Ballejos funciona como un golpe de realidad. Expone que, más allá de las diferencias políticas y técnicas, el sistema vigente no logra asegurar un estándar uniforme de calidad nutricional. En algunos establecimientos se ofrecen desayunos variados, pero en otros la prestación se reduce a lo elemental, generando desigualdades profundas entre chicos que deberían tener las mismas oportunidades.
El conflicto se enmarca en un escenario de tensiones crecientes entre rectores, gremios y autoridades provinciales. Los cuestionamientos apuntan a la falta de recursos, a irregularidades en la administración y a la ausencia de criterios comunes. Frente a ello, el Gobierno defiende la necesidad de un sistema centralizado que permita mayor control y trazabilidad.
Sin embargo, la discusión no puede perder de vista lo esencial: la alimentación escolar es un derecho básico y una herramienta clave para el aprendizaje. Un niño que desayuna apenas una fruta o una infusión difícilmente pueda enfrentar la jornada educativa en igualdad de condiciones.
La advertencia de Ballejos, entonces, no es solo un diagnóstico, sino también un llamado de atención. El debate sobre el sistema de comedores debe trascender la burocracia y enfocarse en garantizar que cada chico, en cada escuela, reciba un desayuno digno, nutritivo y suficiente. Porque detrás de cada cifra y cada acta, hay vidas reales que dependen de esas decisiones.
