El hallazgo del cuerpo de un albañil en una obra en construcción de la costanera de Colón no es solo un hecho policial: es la irrupción del horror en la vida cotidiana de una ciudad que aún intenta comprender la magnitud de lo ocurrido. El cadáver, oculto detrás de una pared improvisada bajo una escalera, envuelto y cubierto con cal para acelerar la descomposición, revela un crimen premeditado, pergeñado y macabro.
Los fiscales Noelia Batto y Alejandro Perroud confirmaron que la anomalía estructural detectada en el edificio fue clave para descubrir lo que se intentó esconder con frialdad y cálculo. La autopsia que se realizará en Oro Verde será determinante para establecer la causa de muerte, pero los indicios ya hablan de violencia y de una planificación destinada a borrar rastros.
El caso conmueve porque desnuda la vulnerabilidad de quienes trabajan en condiciones precarias y la facilidad con que la vida puede ser silenciada detrás de una pared. La desaparición del albañil, notada por los encargados de la obra, activó una secuencia que terminó en el hallazgo de un cuerpo emparedado, un símbolo brutal de la deshumanización.
La justicia deberá avanzar con rapidez y firmeza, no solo para identificar a los responsables, sino también para restituir la dignidad de una víctima cuyo destino fue sellado con cemento y cal. La ciudad de Colón, sacudida por la noticia, enfrenta ahora la tarea de transformar la indignación en reclamo de verdad y justicia.

