Hoy me dirijo a ustedes con profunda preocupación y una inquietud que nos atraviesa a todos como sociedad. La reciente decisión de Milei vetar la ley que proponía un aumento en las jubilaciones ha generado una oleada de indignación y tristeza en millones de argentinos. Una vez más, los jubilados, quienes dedicaron su vida al trabajo, al esfuerzo y a la construcción del país que hoy disfrutamos, se ven relegados.
Mientras ustedes se aseguran sueldos superiores a los nueve millones de pesos, los jubilados deben sobrevivir con haberes mínimos que apenas superan los $360.000. ¿Acaso esta desigualdad no los interpela? ¿No les genera siquiera una reflexión sobre la profunda injusticia que se está cometiendo? La deuda histórica con los jubilados
La crisis económica golpea con fuerza, pero los primeros en padecerla son siempre los mismos. Los adultos mayores no pueden seguir esperando. No pueden seguir ajustando sus vidas al límite, eligiendo entre pagar los medicamentos o la comida, mientras ven cómo sus representantes políticos blindan sus privilegios sin siquiera discutir un recorte para sí mismos.
¿Dónde está la equidad en el sacrificio? Si el argumento para vetar esta ley es el ajuste fiscal, ¿por qué no se vetó también el aumento de los senadores? Si de verdad buscan austeridad, ¿por qué no empezaron por ustedes mismos?
Un llamado a la sensibilidad
No es solo una cuestión económica; es una cuestión moral. ¿Cuándo empezaremos a tratar a nuestros mayores con la dignidad que merecen? ¿Cuándo dejarán de ser vistos como un gasto y serán reconocidos como lo que son: el pilar fundamental de nuestra historia?
“El desarrollo de una nación no se mide solo por su economía, sino por el respeto que le otorga a quienes la construyeron.”
“No se trata solo de números, se trata de humanidad.”
Los jubilados no pueden seguir siendo los primeros en ajustar y los últimos en recibir justicia. No pueden seguir siendo invisibles en las decisiones políticas. Ellos no tienen sindicatos, no tienen lobbies, no tienen poder para presionar. Pero tienen algo mucho más fuerte: una vida de trabajo, de sacrificio y de amor por esta tierra.
Es momento de actuar
Hoy, les hago un llamado como ciudadanos, como hijos, como nietos. Revisen sus prioridades. Escuchen el clamor de aquellos que ya dieron todo por este país.
Un veto no es solo un acto administrativo. Es un mensaje. Y hoy el mensaje que están enviando es desgarrador.
Si realmente quieren representar al pueblo, empiecen por respetar a quienes lo construyeron.
“Un país sin memoria no tiene futuro, y un país que castiga a sus jubilados no merece llamarse justo.”
Los jubilados no piden lujos ni privilegios. Solo piden vivir con dignidad.
¿Hasta cuándo tendrán que esperar?
Atentamente,
Alberto Martinez
