Hace más de 20 años que soy radical. Mi padre lo fue toda su vida, y aunque ya no lo tengo conmigo, sigo honrando esa tradición familiar. Voté a Bruno en sus dos mandatos, confiando en que representaría los valores que siempre defendimos. Pero hoy, debo decirlo con todas las letras: estoy totalmente defraudada.
Bruno, tu gestión como diputado ha sido un desastre. Pero no solo eso, también eres responsable de esta mala administración municipal al pedirnos que apoyáramos a Walter Martín como intendente. Y sí, también lo voté, porque creí en tu palabra. Pero mi indignación no termina ahí.
Walter Martín, ¿qué clase de decisión fue poner a Frutilla Arias en el camino? Sí, le digo «Frutilla» porque se junta con la crema, se cree rico, y encima es un soberbio, atrevido e insoportable. A ese no lo voté, y sin embargo, aquí estoy, teniendo que soportarlo como si fuera un castigo divino.
Soy una ciudadana responsable, cumplo con mis deberes y pago mis impuestos. Pero cuando fui a pedir algo tan simple como autorización para cortar un árbol que estaba rompiendo mi vereda, me hicieron esperar tres meses. Tres meses de vueltas, excusas y ninguneo. Y siempre la misma cantinela: «No hay plata». ¡Pero si yo nunca pedí plata! Solo pedí que me dejaran solucionar un problema que afecta mi propiedad.
Hoy me siento engañada, defraudada y profundamente decepcionada. Me mintieron, y lo peor es que lo hicieron con una sonrisa. ¿Qué pasó con los valores que decían defender? ¿Qué pasó con la gestión eficiente y el compromiso con los ciudadanos?
Esta carta no es solo una queja, es un llamado a la reflexión. Porque los que estamos del otro lado, los que cumplimos con nuestras obligaciones, merecemos algo mejor que excusas y soberbia.
Atentamente,
Una ciudadana que ya no cree en las palabras vacías.
Espero que esta versión refleje tu mensaje con el tono irónico y directo que buscabas. Si necesitas ajustar algo, dime y lo perfeccionamos.
