Esos charcos de agua servida no son solo una molestia ni apenas una postal de abandono son un criadero a cielo abierto de mosquitos y moscas un foco de riesgo sanitario que crece con cada lluvia y con cada promesa incumplida mientras las campañas de prevención repiten que no hay que dejar baldes con agua ni cubiertas tiradas el propio Estado contradice su discurso dejando que calles como Las Perdices en el barrio Joaquín Orué se conviertan en depósitos de vectores y en símbolos de desidia
La calle está así desde hace casi un año y cada vez peor los vecinos ya no reclaman por costumbre sino por necesidad por salud por dignidad han presentado notas han golpeado puertas han esperado respuestas que no llegan y mientras tanto el barro se seca en costras y los charcos se pudren al sol la contradicción es brutal porque mientras se exige responsabilidad ciudadana desde los micrófonos oficiales se tolera la irresponsabilidad institucional desde los escritorios municipales
No se trata solo de baches ni de agua estancada se trata de una comunidad que se siente olvidada como barrio y como sociedad como lo dice con claridad el vecino que escribió a Mariela buscando que la comunicación haga lo que la política no hace escuchar amplificar exigir se trata de una calle pero también de una forma de mirar a los barrios periféricos como si fueran zonas de sacrificio donde todo puede esperar donde la urgencia siempre es de otros
La calle Las Perdices no es una excepción es una muestra más de cómo el abandono se vuelve rutina y cómo la palabra oficial pierde valor cuando no se condice con los hechos si el gobierno pide que cuidemos el agua que evitemos criaderos que seamos responsables entonces que empiece por casa que mire sus calles que escuche a sus vecinos que actúe con la misma firmeza con la que exige
Porque la salud pública no se defiende solo con afiches ni con spots sino con calles transitables con drenajes que funcionen con respuestas que lleguen y con funcionarios que caminen los barrios no para la foto sino para resolver lo que duele lo que enferma lo que indigna
