Cinco uniformes menos el grito silenciado dentro de la Policía de Entre Ríos

Cinco uniformes menos  el grito silenciado dentro de la Policía de Entre Ríos

Cinco policías se quitaron la vida en lo que va del año en Entre Ríos. Cinco personas que llevaban el uniforme con vocación, y que terminaron enfrentando una lucha silenciosa, tan profunda como invisible. La cifra, alarmante por donde se la mire, revela un problema que ya no puede ser ignorado: la salud mental dentro de la fuerza atraviesa una crisis urgente.
Esta semana, autoridades policiales decidieron expresarse públicamente por primera vez. “Nos ocupamos del stress laboral”, fue la frase elegida. Pero ¿es suficiente? ¿Puede una declaración institucional contener el dolor acumulado de años sin contención emocional, turnos extenuantes y una cultura que castiga la vulnerabilidad?
El estrés laboral en las fuerzas de seguridad no es una novedad, pero sí lo es el reconocimiento explícito de su impacto destructivo. Estos suicidios no ocurrieron en el vacío: son el resultado de un entorno de alta presión, baja escucha, y escasas herramientas de acompañamiento psicológico. En la mayoría de los casos, el arma reglamentaria fue el vehículo del desenlace, lo que plantea un interrogante ético: ¿de qué sirve portar un arma si no se porta también un respaldo humano para sostener a quien la lleva?
La decisión de hablar del tema en público es valiosa, pero no alcanza. No se trata solo de visibilizar, sino de actuar. Incorporar protocolos no es suficiente si no se rompen los silencios estructurales. El tabú de pedir ayuda, el miedo a ser juzgado como débil, y la soledad institucional siguen siendo barreras que no se resuelven con comunicados.
La sociedad también tiene un rol. Pedimos seguridad, pero ¿cuidamos a quienes deben cuidarnos? ¿Comprendemos el desgaste que implica estar en la primera línea todos los días? Mientras haya efectivos que se apagan sin que nadie escuche el grito, la fuerza como institución se vuelve más frágil de lo que sus estadísticas permiten ver.
Cada uniforme que desaparece es una historia truncada. Y cada historia truncada es una oportunidad perdida para haber hecho las cosas de otro modo.

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