La llegada del invierno expone con crudeza una realidad que se agrava día a día: cada vez más personas viven en la calle y dependen de la asistencia alimentaria para sobrevivir. Así lo expresó Anabela Albornoz, referente de la organización Suma de Voluntades, quien advirtió que la demanda se ha vuelto insostenible.
“Antes salíamos con 300 viandas y alcanzaba. Hoy, en la tercera plaza ya no tenemos comida”, relató con angustia. La ONG, que realiza recorridas nocturnas y sostiene comedores populares, entrega más de 8.200 platos de comida al mes, pero la cifra crece semana a semana.
Albornoz explicó que no solo aumentó la cantidad de personas en situación de calle, sino también de familias enteras que asisten a las plazas porque no tienen qué comer en sus casas. “Lo peor que nos ha pasado es tener que elegir quién come”, confesó. La falta de previsibilidad, los recortes en programas sociales y la pérdida de empleos informales han empujado a miles a una situación límite.
Desde Suma de Voluntades insisten en que la asistencia alimentaria es urgente, pero no suficiente. Su objetivo es promover la movilidad social y la autonomía, a través del acompañamiento escolar, deportivo y productivo. Sin embargo, reconocen que hoy la prioridad es llenar el plato de quienes no tienen nada.
La organización convoca a la comunidad a colaborar con donaciones y voluntariado. “El frío no espera, y la necesidad tampoco”, concluyó Albornoz.
