La crisis de la Obra Social de las Fuerzas Armadas (OSFA) alcanzó un punto dramático con el suicidio de Carlos Héctor Velázquez, un suboficial retirado de 77 años que había denunciado meses atrás la imposibilidad de continuar su tratamiento contra el cáncer por falta de cobertura. El hecho ocurrió en medio de un escenario de cortes de prestaciones, deudas millonarias y abandono sanitario que afecta a miles de afiliados en distintas provincias.
Velázquez dejó una carta dirigida al presidente Javier Milei y al ministro de Defensa, en la que advertía sobre el colapso del sistema de salud militar y la desesperación de quienes dependen de la obra social. Su muerte generó una fuerte conmoción entre militares retirados y familiares, que ven en este caso el símbolo más crudo de la crisis institucional que atraviesa OSFA.
La situación expone la fragilidad de un sistema que debería garantizar atención médica a quienes dedicaron su vida al servicio de la Nación. En cambio, la falta de financiamiento y la desarticulación administrativa han dejado a miles de pacientes sin acceso a medicamentos, tratamientos oncológicos y estudios básicos.
El suicidio de Velázquez no es solo un hecho individual: es un grito de alarma que interpela directamente al Gobierno y a las autoridades militares. La pregunta que queda abierta es si el Estado reaccionará con medidas urgentes para evitar que la crisis sanitaria se cobre nuevas vidas.
