La noticia sacude, incomoda, y obliga a mirar más allá de los titulares.
Alejandro Fabián Díaz, actual titular de la Sindicatura General de la Nación, fue citado a indagatoria, se le inhibieron los bienes y se le prohibió salir del país. ¿El motivo? Su presunta participación en el escándalo Vicentin, uno de los fraudes más grandes de los últimos años.
¿Y qué hacía Díaz en ese momento? Era síndico del Banco Nación.
¿Y qué hace hoy? Dirige el organismo que debe auditar y controlar el funcionamiento del Estado.
Sí, el mismo Estado que ahora lo investiga.
Esto no es solo un caso judicial. Es una señal de alerta.
Porque cuando el que debe fiscalizar está bajo sospecha, la confianza institucional se tambalea.
Porque no se puede hablar de transparencia si quienes ocupan cargos clave arrastran causas por corrupción, por fraude, por complicidad.
Y mientras tanto, los millones que faltan siguen faltando.
Los productores estafados siguen esperando.
Y los ciudadanos, como vos y como yo, seguimos preguntándonos:
¿Quién cuida al que debe cuidar?
La justicia tiene que avanzar. Sin presiones, sin pactos, sin silencios.
Y el Estado tiene que dar el ejemplo. Porque no alcanza con hablar de ética: hay que ejercerla.
En tiempos donde la política se llena de discursos, lo que necesitamos son gestos.
Gestos de verdad, de coherencia, de responsabilidad.
Porque si no empezamos por limpiar la casa, ¿cómo vamos a construir país?
