Durante su paso por la ciudad, Rossi se encontró con familias que lo esperaban desde hacía tiempo, con reuniones improvisadas en casas que se abrieron no por presión, sino por convicción. Allí, entre mates y charlas sencillas, el candidato se mostró sin discursos grandilocuentes, sin prometer lo imposible, pero con una idea clara: “darle a la gente lo que se merece” si logra llegar al poder.
La escena se repitió en cada barrio: vecinos que aprovecharon para sacarse una foto con él, sin importar las represalias de quienes aún intentan sostener una política basada en el miedo y el patoterismo. “La gente ya perdió el miedo”, se escucha en las calles, como una frase que se repite con fuerza, marcando el pulso de una sociedad que no quiere volver atrás.
Rossi, con calma y experiencia, explicó sus proyectos y escuchó las inquietudes de cada familia. Su estilo rompe con la vieja política de aprietes y promesas incumplidas. En cada encuentro, se percibe una tendencia: su figura se consolida como referente del departamento y su candidatura gana fuerza día tras día.
La visita dejó una sensación clara: Rossi no solo está recorriendo barrios, está sembrando confianza. Y en un escenario donde muchos candidatos parecen más preocupados por los cargos que por la gente, su estrategia de cercanía lo posiciona como un jugador distinto, capaz de marcar un rumbo nuevo en la política entrerriana.
En todas las casas que visitó, los vecinos coincidieron en un mismo mensaje: ellos perdieron el miedo porque no quieren volver al patoterismo que durante años los marcó. Muchos le pidieron a Rossi que sea él quien, con votos, termine de sepultar a esa vieja forma de hacer política. La gente lo dice sin rodeos: quieren cerrar esa etapa oscura y abrir una nueva, con participación, respeto y dignidad.
