El Gobierno no logra contener la crisis por las presuntas coimas y preocupa la estrategia de Spagnuolo

El Gobierno no logra contener la crisis por las presuntas coimas y preocupa la estrategia de Spagnuolo

La crisis desatada por los audios que involucran al exdirector de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), Diego Spagnuolo, en una presunta red de coimas, se ha convertido en el mayor desafío político del gobierno de Javier Milei desde su asunción. Lo que comenzó como una filtración aislada se transformó en un escándalo de alcance nacional, con derivaciones judiciales, internas políticas y efectos económicos que el oficialismo no logra contener.
Un silencio que grita
La estrategia inicial del Gobierno fue el silencio. El presidente evitó pronunciarse, mientras su entorno más cercano —Karina Milei, Eduardo “Lule” Menem y Guillermo Francos— intentaba controlar el daño. Pero el silencio no hizo más que amplificar el ruido. Las explicaciones públicas fueron escasas, y las versiones cruzadas sobre quién acercó a Spagnuolo al espacio libertario solo profundizaron la incertidumbre.
Incluso Francos debió rectificar sus dichos y desligar a la vicepresidenta Victoria Villarruel de cualquier vínculo con el exfuncionario, luego de haberla mencionado como responsable de su incorporación. La corrección pública fue un gesto de contención, pero también una señal del desorden interno que atraviesa La Libertad Avanza.
Spagnuolo, el factor impredecible
Lo que más preocupa en la Casa Rosada no son los audios en sí, sino la estrategia judicial de Spagnuolo. El exdirector de ANDIS, abogado y exapoderado de Milei, rechazó la oferta de defensa compartida y se muestra dispuesto a avanzar por cuenta propia. Su silencio desde que entregó el celular, su negativa a colaborar con los emisarios del oficialismo y su aparente decisión de no alinearse con el relato libertario encendieron todas las alarmas.
Los audios filtrados no solo lo comprometen a él, sino que mencionan directamente a Karina Milei, a “Lule” Menem y a empresarios vinculados a la Droguería Suizo Argentina, en el marco de presuntas maniobras de corrupción en la compra de medicamentos. La posibilidad de que Spagnuolo amplíe sus declaraciones ante la Justicia sin coordinación con el Gobierno genera un escenario de alto riesgo político.
Efectos colaterales: mercado y campaña
El impacto del escándalo no se limita a lo institucional. El mercado reaccionó con nerviosismo: el dólar oficial subió, los bonos cayeron y las acciones argentinas perdieron hasta un 10% en Wall Street. El índice de confianza del consumidor tocó su punto más bajo desde el inicio del mandato de Milei, y la campaña electoral en la provincia de Buenos Aires quedó envuelta en un clima de desconfianza y confusión.
La narrativa oficial, centrada en el orden fiscal y la baja de la inflación, se ve opacada por un caso que golpea el corazón del relato libertario: la transparencia. El Gobierno, que se presentó como una ruptura con la “casta política”, enfrenta ahora acusaciones que lo vinculan con prácticas que prometía erradicar.
¿Y ahora qué?
La Casa Rosada inició una autoauditoría en ANDIS y evalúa presentar una denuncia penal contra Spagnuolo, en un intento por recuperar la iniciativa. Pero el daño ya está hecho. La falta de control sobre los propios funcionarios, la improvisación en la gestión de crisis y la ausencia de una estrategia comunicacional clara exponen las debilidades estructurales del oficialismo.
En política, los escándalos no se miden solo por lo que se dice, sino por lo que se hace. Y hasta ahora, el Gobierno parece más preocupado por contener el fuego que por explicar su origen. La pregunta que sobrevuela es si esta crisis será un punto de inflexión o el inicio de una erosión más profunda.

 

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