El próximo 26 de noviembre, el Festival Internacional de Cine de Entre Ríos será escenario de un acontecimiento que trasciende lo artístico: el estreno de Emboscada, dirigida por Mauro Bedendo y protagonizada por Osvaldo Laport y Roly Serrano. No se trata solo de una película, sino de un gesto político y cultural que desafía la hegemonía porteña y reivindica la potencia narrativa de Paraná y Villa Urquiza.
Bedendo lo dijo con claridad: “La idea mía siempre fue traer un poco el cine para acá, para que no sea todo siempre en Buenos Aires”. Esa frase condensa la esencia de Emboscada: un cine federal, inclusivo, que se construye con más de 60 actores entrerrianos y regionales, y que convierte a la provincia en escenario y protagonista.
La trama, centrada en El Tano —un corresponsal de guerra que se rebela durante el corralito de 2001 y enfrenta la persecución de policías corruptos—, no es casual. Habla de un país que todavía carga con las cicatrices de la crisis, de un sistema que castiga al ciudadano común y de una memoria que exige ser contada desde las periferias.
Emboscada es, entonces, más que un thriller: es un espejo incómodo de nuestra historia reciente y una apuesta por un cine que no se conforma con repetir fórmulas. Es la demostración de que Entre Ríos puede producir relatos de impacto nacional, con calidad técnica y con un compromiso social que interpela.
En tiempos donde la cultura suele ser relegada, este estreno se convierte en un acto de resistencia: un recordatorio de que el cine también puede ser herramienta de memoria, denuncia y dignidad.
