Mientras cada vez más provincias argentinas avanzan con regulaciones para limitar el uso de teléfonos celulares en las aulas, en Entre Ríos el debate permanece estancado. Durante el último año ingresaron a la Legislatura provincial al menos tres proyectos de ley que buscan establecer restricciones sobre el uso de dispositivos electrónicos durante la jornada escolar, pero ninguno logró avanzar más allá de las comisiones legislativas.
La situación genera preocupación en ámbitos educativos y entre especialistas que vienen advirtiendo sobre el impacto que tienen los teléfonos móviles en la concentración, el rendimiento académico y la convivencia dentro de las escuelas. Pese a provenir de distintos sectores políticos, las iniciativas comparten un diagnóstico común: el uso permanente de celulares se ha convertido en uno de los principales factores de distracción dentro del aula.
El primer proyecto fue presentado en septiembre de 2025 y propone prohibir el uso de teléfonos celulares y otros dispositivos electrónicos dentro de las aulas de todos los niveles de la educación obligatoria, tanto en establecimientos públicos como privados. La iniciativa plantea que la medida permitiría garantizar mejores condiciones para la enseñanza y el aprendizaje.
Meses después ingresó una propuesta en el Senado que plantea permitir el uso de dispositivos únicamente en situaciones excepcionales. Entre sus argumentos se destaca la necesidad de prevenir riesgos asociados al uso excesivo de redes sociales y la propagación de desafíos virales que pueden poner en peligro a los estudiantes.
La tercera iniciativa, presentada durante 2026, propone una regulación aún más estricta. El proyecto establece la prohibición del uso o portación activa de celulares durante toda la jornada escolar, incluyendo recreos y actividades extracurriculares. Sus impulsores sostienen que la medida contribuiría a mejorar la atención, fortalecer la socialización entre los alumnos y reducir los efectos de la hiperconectividad en niños y adolescentes.
El debate no es exclusivo de Entre Ríos. En distintas provincias argentinas y en varios países de América Latina ya se implementaron normativas que restringen parcial o totalmente el uso de teléfonos móviles en los establecimientos educativos. La discusión surge a partir de estudios que vinculan el uso constante de dispositivos con una disminución de la capacidad de concentración, dificultades en los procesos de aprendizaje y una menor interacción social entre los estudiantes.
Sin embargo, en territorio entrerriano los proyectos permanecen sin tratamiento y no existe hasta el momento una fecha prevista para su discusión parlamentaria. La falta de avances contrasta con la creciente preocupación de docentes, directivos y familias respecto del rol que los celulares ocupan dentro de las aulas.
La cuestión plantea un desafío complejo para el sistema educativo moderno. Por un lado, los dispositivos tecnológicos pueden convertirse en herramientas pedagógicas valiosas cuando son utilizados de manera adecuada. Por otro, el acceso permanente a redes sociales, videojuegos y aplicaciones de mensajería representa una de las principales fuentes de distracción durante el horario escolar.
Mientras el debate sigue postergado en los despachos legislativos, las escuelas continúan enfrentando diariamente una realidad que atraviesa a toda una generación: la convivencia entre educación, tecnología y atención en una era dominada por las pantallas.
