La ciudad de Paraná quedó sacudida por un hallazgo que mezcla negligencia, dolor y una investigación judicial en marcha. Este martes, la Policía local encontró dos fetos humanos en un contenedor de residuos ubicado en la calle Corrientes, pleno centro de la capital entrerriana.
La clínica privada CEMI, señalada como responsable, explicó que se trató de un error en el manejo de residuos patológicos durante una mudanza. Según el comunicado emitido por la institución, los restos fueron descartados por equivocación, sin seguir el protocolo correspondiente para este tipo de materiales sensibles.
La fiscalía ya interviene en el caso y busca determinar si hubo violación de normas sanitarias, negligencia profesional o responsabilidad penal por parte de la clínica. El hecho generó conmoción en la comunidad médica y entre los vecinos, que no salen del asombro ante la crudeza del episodio.
Mientras se esperan los resultados de las pericias y las declaraciones de los responsables, el caso plantea una pregunta incómoda: ¿cómo puede una institución médica confundir una mudanza con el descarte de restos humanos? La respuesta, por ahora, está en manos de la Justicia. Pero el impacto social ya está instalado, y la confianza en los protocolos clínicos, en entredicho.
