Ficha Limpia, ¿para quién?

Ficha Limpia, ¿para quién?

 

Mientras algunos dirigentes impulsan con entusiasmo la bandera de la «Ficha Limpia», da la sensación de que en la política entrerriana se está intentando aplicar una regla bastante curiosa: limpieza para los demás y amnesia para los propios.

Por estas horas, tanto Rosario Romero como Rogelio Frigerio parecen coincidir en una estrategia que va más allá de los discursos de campaña: sacar del medio todo aquello que pueda incomodar, molestar o alterar el relato cuidadosamente construido para llegar a las elecciones con la menor cantidad posible de sobresaltos.

La cuestión es sencilla. Cuando determinados nombres empiezan a medir en las encuestas o cuando alguna figura inesperada comienza a generar ruido dentro del tablero político, rápidamente aparecen los planteos sobre quién puede o no puede competir. Sin embargo, si realmente se decidiera «sacudir el frasco» de la política entrerriana, probablemente más de uno descubriría que no hay demasiadas manos completamente limpias para señalar a los demás.

Los rumores políticos, que suelen recorrer los pasillos con más velocidad que los comunicados oficiales, hablan de un entendimiento tácito entre Margarita y Rogelio. Un acuerdo de conveniencia mutua nacido, quizás, de números electorales que no serían tan alentadores como algunos pretenden mostrar. Según esas versiones, el pacto tendría una lógica simple: apoyo recíproco y evitar que aparezcan actores que puedan alterar el escenario previsto.

Dentro de esa lectura, Frigerio evitaría involucrarse de lleno en determinadas disputas locales de Paraná, mientras que desde el otro sector se fortalecería la estrategia de neutralizar cualquier candidatura o dirigente que complique los planes establecidos.

Y si de experiencia se trata, pocos dudan de que Margarita conoce perfectamente el arte de la supervivencia política. Sus críticos sostienen que gran parte de su trayectoria estuvo marcada por desplazar competidores, incluso dentro de su propio espacio, para seguir escalando posiciones. Una habilidad que, para algunos, es capacidad de conducción; para otros, simple instinto de conservación.

En ese marco aparece el nombre de Daniel Rossi, un dirigente que parece haberse convertido en una piedra en el zapato de varios sectores. Porque cuando alguien rompe la comodidad de los acuerdos y empieza a ocupar espacio propio, inevitablemente se transforma en un problema. Más aún si sus movimientos generan incomodidad tanto en el oficialismo provincial como en determinados sectores del peronismo.

La paradoja resulta inevitable: quienes hablan de transparencia y renovación parecen más preocupados por decidir quién juega y quién no, que por convencer a la gente con propuestas. Tal vez la verdadera ficha limpia que necesita la política no sea una ley para excluir adversarios, sino una práctica mucho más difícil: permitir que la ciudadanía elija libremente sin operaciones, sin vetos y sin tribunales electorales manejados desde la conveniencia partidaria.

Porque cuando la limpieza se utiliza como herramienta selectiva, deja de ser una virtud y se convierte simplemente en otra forma de hacer política.

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