En el escenario político entrerriano, hay quienes han perfeccionado el arte de la apropiación simbólica. No necesitan planificar, ejecutar ni gestionar. Les basta con observar, esperar y luego posar sonrientes frente a las cámaras para declarar: “Gracias a mi gestión…”. Esta práctica, cada vez más evidente, ha convertido a ciertos funcionarios en expertos del marketing político sin contenido.
Un ejemplo claro fue el ex intendente Sarubi, quien se adjudicó públicamente la instalación de la Escuela French en La Paz y la mejora del acceso sur. Sin embargo, las gestiones reales provinieron de otros legisladores que trabajaron silenciosamente, lejos del reflector. La apropiación fue tan descarada como efectiva: el relato se impuso sobre los hechos.
Ahora, el guion se repite con una obra bancaria en Santa Elena. El intendente local compartió en redes sociales, el 22 de julio de 2024, los avances de una infraestructura lista para funcionar. La comunidad celebró el esfuerzo, reconociendo el trabajo de quienes realmente impulsaron el proyecto. Pero año después, el legislador paceño apareció en escena, lamentando en redes que “es una picardía tener una obra terminada, con todo listo para funcionar, y que el banco siga con las persianas bajas”.
¿Picardía? Tal vez. ¿Oportunismo? Más probable. Porque si algo caracteriza a este legislador es su habilidad para detectar logros ajenos y envolverlos en papel de gestión propia. Como si coleccionara méritos ajenos como estampillas, su estrategia parece clara: aparecer justo después del esfuerzo, cuando el aplauso está por caer.
Este tipo de maniobras no solo desvirtúan el trabajo de los verdaderos gestores, sino que también erosionan la confianza ciudadana. La política se convierte en un juego de apariencias, donde el mérito se mide por la cantidad de publicaciones en redes y no por el impacto real en la comunidad.
Mientras tanto, los funcionarios que sí gestionan siguen trabajando, sin flashes ni frases hechas. Son ellos quienes enfrentan burocracias, negocian con organismos, y sostienen el pulso de la administración pública. Y la ciudadanía, cada vez más atenta, empieza a distinguir entre quienes hacen… y quienes aparecen después.
