La figura de Karina Milei, hermana del presidente y secretaria general de la Presidencia, ha sido objeto de intensos cuestionamientos tras la derrota de La Libertad Avanza en la provincia de Buenos Aires. Su rol en el armado político, la selección de candidatos y la conducción informal del espacio libertario se convirtió en uno de los focos más críticos del análisis post-electoral.
Según diversos referentes políticos y medios nacionales, Karina Milei tuvo un peso considerable en el resultado adverso. Emilio Monzó, ex presidente de la Cámara de Diputados, fue uno de los más duros: calificó su influencia como “improvisada” y comparó su ascenso político con el manejo de una rotisería, aludiendo a su falta de experiencia institucional. Para Monzó, el poder real en la Casa Rosada está concentrado en ella, lo que genera una crisis de conducción y una ausencia de interlocutores válidos en el Congreso.
Además, Karina fue señalada por haber confiado en figuras como Sebastián Pareja para el armado bonaerense, quien quedó envuelto en denuncias por presuntas irregularidades en la Agencia Nacional de Discapacidad. Esta decisión, según intendentes como Guillermo Britos, debilitó la estructura territorial y generó desconfianza entre posibles aliados.
Incluso desde sectores libertarios surgieron críticas internas. El streamer Daniel “Gordo Dan” Parisini apuntó contra el armado provincial liderado por Karina y Pareja, acusándolos de seleccionar candidatos sin compromiso real con el proyecto presidencial.
En resumen, el peso de Karina Milei en la derrota no fue menor. Su centralidad en la toma de decisiones, sumada a los escándalos y la falta de articulación política, convirtió su figura en una carga más que en un activo. El desafío para Javier Milei será redefinir los roles dentro de su gobierno, oxigenar su gabinete y recuperar credibilidad ante una ciudadanía que exige resultados, no lealtades personales.
