La interna del oficialismo volvió a quedar al desnudo con uno de los episodios más tensos desde que Karina Milei asumió el rol de conducción política en la Casa Rosada. La hermana del Presidente tuvo que recurrir a una foto forzada de buena sintonía con Patricia Bullrich, luego de que la senadora exhibiera autonomía y desafiara en dos ocasiones su autoridad en apenas un mes.
El primer choque se dio con el pedido público de Bullrich para que el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, presente su declaración jurada patrimonial. El segundo estalló esta semana, cuando la senadora respaldó el pliego de María Verónica Michelli, cuñada del periodista Hugo Alconada Mon, en abierta contradicción con la decisión de Karina de retirarlo.
Bullrich fue más allá: reveló que habló directamente con el Presidente para rechazar la medida y filtró a los medios que incluso ofreció su renuncia a la jefatura del bloque de La Libertad Avanza. Un gesto de autonomía que ningún otro dirigente del oficialismo se había atrevido a mostrar, consciente de las represalias que suele ejercer Karina.
La tensión se explica en el trasfondo: Karina protege a Adorni y buscó bajar el pliego de Michelli, irritada por las investigaciones periodísticas sobre la criptoestafa Libra. Pero la resistencia de Bullrich la obligó a retroceder y aceptar una foto conjunta en la Casa Rosada, un recurso ya gastado por los Milei para intentar calmar disputas internas.
El desprecio mutuo quedó reflejado en la estética de la imagen: Bullrich aparece de espaldas, sin mostrar el rostro, mientras Karina intenta transmitir cordialidad. La devolución de la senadora fue contundente: en redes sociales escribió “Reunión con Karina, trabajando siempre juntas por las transformaciones que lidera el Presidente Milei”, dejando en claro que su jefe político es Javier, no su hermana.
La estrategia de las fotos amigables ya se utilizó con Victoria Villarruel, Guillermo Francos y Santiago Caputo, pero nunca logró apagar las disputas. El episodio con Bullrich, sin embargo, marca una de las mayores exhibiciones de debilidad de Karina desde que maneja el gobierno y abre un interrogante sobre su capacidad de sostener el control interno frente a figuras con peso propio.
