El tablero político del oficialismo atraviesa una etapa de tensiones y movimientos estratégicos que ponen en evidencia las dificultades de Javier Milei para consolidar alianzas duraderas. La relación con el PRO, que en algún momento se presentó como un socio potencial para ampliar la base parlamentaria, hoy está marcada por la desconfianza presidencial y por la falta de definiciones claras en torno al armado electoral.
La secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, intenta tender puentes con el macrismo, consciente de que la construcción de mayorías legislativas requiere acuerdos más amplios que los que ofrece La Libertad Avanza en soledad. Sin embargo, las dudas persisten: el PRO atraviesa su propia crisis de identidad y las encuestas muestran un desinterés creciente de la sociedad hacia las disputas partidarias, lo que complica cualquier intento de reposicionamiento.
En paralelo, el Gobierno evalúa avanzar este mismo año con la cobertura de las vacantes en la Corte Suprema, un movimiento que podría redefinir el equilibrio institucional. La decisión de completar el máximo tribunal se interpreta como un intento de mostrar capacidad de gestión y de ordenar un frente judicial que permanece incompleto. La definición de los nombres que ocuparán esos lugares será, sin dudas, otro terreno de negociación política con impacto nacional.
El escenario combina tres elementos que se retroalimentan: la fragilidad de las alianzas, la apatía social reflejada en los sondeos y la necesidad de mostrar resultados concretos en materia institucional. Milei enfrenta el desafío de sostener su narrativa de cambio mientras busca apoyos para iniciativas que requieren consensos más amplios.
La política argentina se mueve entre la incertidumbre y la expectativa: la desconfianza hacia el PRO, el desinterés ciudadano y el plan para completar la Corte son piezas de un mismo rompecabezas que definirá el margen de maniobra del oficialismo en los próximos meses.
