La inflación de octubre fue de 2,3% y acumuló 31,3% en los últimos doce meses El Indec difundió la variación de precios correspondiente al mes pasado. En lo que va del año, el Índice de Precios al Consumidor ya se incrementó un 24,8%. La división de mayor aumento en el mes fue Transporte.

La inflación de octubre fue de 2,3% y acumuló 31,3% en los últimos doce meses El Indec difundió la variación de precios correspondiente al mes pasado. En lo que va del año, el Índice de Precios al Consumidor ya se incrementó un 24,8%. La división de mayor aumento en el mes fue Transporte.

Octubre inflado, país en pausa
Octubre cerró con elecciones, promesas recicladas y un 2,3% de inflación que no sorprende a nadie, pero que sigue golpeando a todos. El INDEC lo confirmó: los precios subieron, el transporte se disparó, y el bolsillo argentino sigue en terapia intensiva. En lo que va del año, ya acumulamos un 24,8%, y en los últimos doce meses, un 31,3%. Números que ya no indignan, porque la indignación también se devalúa.
Mientras los candidatos se peleaban por el último voto, el último afiche y el último minuto de aire, la gente contaba monedas para llegar a fin de mes. Octubre fue un mes de boletas: las del cuarto oscuro y las del supermercado. Y en ambas, el resultado fue incertidumbre.
La división que más aumentó fue Transporte. Irónico, ¿no? Justo cuando más gente se quedó quieta, esperando que algo cambie. El dólar se movió, pero los precios no lo siguieron tanto. ¿Eso es buena noticia? Depende de quién lo mire. Porque el consumo está estancado, la actividad en pausa, y el termómetro social marca cansancio.
La inflación ya no es noticia: es paisaje. Un paisaje árido, donde cada aumento se camufla entre excusas técnicas y discursos vacíos. Y mientras tanto, el salario real se achica, la changa se vuelve salvavidas, y el futuro se escribe con lápiz gastado.
Octubre fue también el mes de la esperanza en oferta. Promesas de estabilidad, de crecimiento, de “ahora sí”. Pero la góndola de la política está llena de productos vencidos. Y el pueblo, que ya aprendió a leer etiquetas, sabe que no todo lo que brilla es pan.
La inflación no es solo un número: es una forma de vida impuesta. Es el padre que no llega a comprar los útiles, la abuela que recorta la receta, el joven que posterga el sueño. Es el país que se acostumbra a sobrevivir, mientras le prometen que va a vivir.
Y en medio de todo, el silencio institucional. Porque cuando los precios suben, los discursos bajan. Y cuando el pueblo pregunta, el poder responde con tecnicismos.
Pero hay algo que no se devalúa: la memoria. La memoria de lo que nos prometieron, de lo que nos quitaron, de lo que resistimos. Esa memoria es la que sostiene la dignidad, incluso cuando el bolsillo no puede.
Octubre se fue, inflado y ruidoso. Noviembre llega con la misma pregunta de siempre: ¿cuánto más vamos a pagar por lo que no elegimos?

 

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