La industria de la indumentaria atraviesa uno de sus momentos más delicados. Según un informe reciente de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), las ventas de ropa registraron una caída interanual del 12% durante el bimestre julio-agosto, consolidando una tendencia negativa que ya se había manifestado en el período mayo-junio, con una baja del 7,1%.
A pesar de los esfuerzos por dinamizar el consumo —como liquidaciones de temporada, promociones especiales, el impacto del aguinaldo y eventos comerciales como el Día del Niño— la recuperación no se materializó. La demanda sigue estancada, y el sector enfrenta una combinación crítica de exceso de stock, ajustes de personal y dificultades para sostener la cadena de pagos.
El informe revela que 7 de cada 10 empresas reportaron resultados negativos en el último bimestre, y que la preocupación por la acumulación de productos sin salida aumentó un 11% respecto al mismo período del año anterior. La falta de rotación en los locales, sumada a la pérdida del poder adquisitivo de los consumidores, genera un escenario de alta fragilidad.
En términos laborales, el impacto también es severo. El 56% de los comercios absorbió por completo los incrementos salariales, mientras que un 25% solo pudo trasladarlos parcialmente a los precios, lo que evidencia la dificultad para sostener márgenes sin perder competitividad.
Incluso el Índice de Precios al Consumidor (IPC) del INDEC reflejó esta tendencia: en agosto, el rubro “Prendas de vestir y calzado” registró una baja del 0,3%, confirmando la retracción en la demanda.
La crisis del sector textil no es solo coyuntural. Un informe paralelo de la Fundación Pro Tejer advierte que ocho de cada diez empresas han reducido su volumen de ventas en los últimos dos años, acumulando un retroceso del 28% frente a 2023. La producción cayó un 12% promedio en el último año, y el 72% de las firmas aplicó ajustes en sus plantillas, incluyendo despidos, cierre de turnos y reducción de horas extras.
Los factores detrás del derrumbe son múltiples: presión tributaria, crecimiento de las importaciones, apreciación del tipo de cambio y ausencia de políticas industriales específicas. En este contexto, nueve de cada diez empresas enfrentan dificultades para exportar, y ocho de cada diez no prevén realizar inversiones en lo que resta del año.
La caída del 12% en las ventas de ropa no es solo un dato económico: es el reflejo de una crisis estructural que afecta a miles de trabajadores, emprendedores y comercios en todo el país. La urgencia por medidas concretas y sostenibles se vuelve cada vez más evidente.
