Hace más de cinco meses que los vecinos de calle San Martín 1005 reclaman lo mismo: rotura de asfalto, pérdida de agua, caños cloacales reventados y un pozo que parece competir con el Aconcagua. Pero el gobierno local, en un acto de meditación profunda, ha decidido mirar para otro lado. Quizás estén esperando que el pozo se convierta en atractivo turístico, o que los vecinos aprendan a nadar entre cloacas.
Esta mañana, una vecina indignada, cansada, pero firme nos envió un video: un camión de reparto quedó atascado en el pozo. No en una metáfora, no en una exageración: literalmente hundido en el cráter que nadie señalizó. El personal municipal vino, miró, se rascó la cabeza y se fue. El pozo quedó igual, pero ahora con más historia.
¿Y si al camión se le rompe el tren delantero? ¿Quién se hace cargo? ¿El intendente? ¿La Virgen? ¿El karma? Porque los vecinos pagan impuestos, pero parece que solo compraron derecho a la indiferencia. Hace días que piden audiencia con el intendente, pero nadie responde. El silencio es tan profundo como el pozo.
Hoy trajeron otro camión para sacar al primero. Sí, un camión para rescatar a otro camión. Y en el proceso, aparentemente, se rompió el tren delantero. El pozo no discrimina: se lleva lo que venga. Autos, camiones, paciencia ciudadana.
Los vecinos se sienten abandonados. Como si su calle no existiera en los mapas municipales. Como si el reclamo fuera un ruido molesto que hay que ignorar. Pero el pozo sigue ahí, creciendo, esperando su próxima víctima.
Y mientras tanto, el intendente no escucha. O no quiere escuchar. O está demasiado ocupado inaugurando bancos de plaza o posteando selfies con funcionarios.
