En la
tarde del 13 de mayo, se llevó a cabo una marcha en La Paz exigiendo justicia por Rocío Cabrera, a 11 meses de su fallecimiento, sin que hasta el momento haya responsables claros por su muerte.
A pesar de la convocatoria, la movilización no tuvo la participación esperada. Muchos vecinos expresaron que en La Paz el miedo paraliza, lo que impide que casos como el de Rocío sean esclarecidos. La falta de solidaridad y el temor a represalias han sido señalados como factores que dificultan la búsqueda de justicia.
El reclamo de una comunidad que exige respuestas
Familiares y allegados de Rocío Cabrera han denunciado la lentitud del proceso judicial, señalando que los responsables siguen sin ser identificados. La madre de Rocío, Verónica Pimentel, ha manifestado su frustración ante la falta de avances en la causa, indicando que solo tres de las 13 personas citadas a declarar han sido llamadas.
El caso de Rocío ha generado indignación en la comunidad, que reclama mayor compromiso por parte de la Justicia. La sensación de impunidad y la falta de respuestas han llevado a que muchos vecinos se cuestionen si mañana podrían ser ellos quienes necesiten apoyo y no lo encuentren.
El miedo y la indiferencia: un problema que trasciende el caso de Rocío
La movilización por Rocío Cabrera no es solo un reclamo por su caso, sino una reflexión sobre la falta de compromiso social en situaciones de injusticia. La ausencia de apoyo en estas marchas refuerza la idea de que el miedo a instituciones y al «qué dirán» impide que la comunidad se involucre en la lucha por la verdad.
El mensaje de los organizadores es claro: hoy es por Rocío, mañana puede ser por cualquiera. La indiferencia ante estos hechos solo perpetúa la impunidad y deja a las víctimas sin respuestas.
