Más empresas cerradas que en pandemia: el costo oculto del ajuste libertario

Más empresas cerradas que en pandemia: el costo oculto del ajuste libertario

En apenas un año y medio de gestión, el gobierno de Javier Milei enfrenta una estadística que golpea con fuerza el relato oficial: cerraron más empresas que durante la pandemia, y se destruyeron 223.537 empleos registrados en todo el país. El dato, confirmado por informes del CEPA y la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, revela una crisis productiva que no se puede tapar con superávit fiscal ni baja de inflación.
Entre noviembre de 2023 y mayo de 2025, el número de empleadores con personal registrado cayó de 512.357 a 496.793, lo que representa el cierre de 15.564 empresas, en su mayoría pymes. El impacto fue transversal, pero los sectores más golpeados fueron transporte y almacenamiento, construcción, comercio, servicios inmobiliarios y industria manufacturera.
El empleo formal, en caída libre
La cantidad de trabajadores registrados pasó de 9.857.173 a 9.633.636, una caída del 2,27%. El sector público fue el más afectado, con 98.653 empleos menos en administración, defensa y seguridad social. Le siguieron la construcción (−80.873), transporte (−54.935) e industria (−39.016).
Lo más alarmante es que el ritmo de destrucción empresarial lleva 14 meses consecutivos, superando incluso los peores momentos de la pandemia. En comparación, durante el pico de la crisis sanitaria se perdieron 23.290 empresas, pero luego hubo una recuperación. En cambio, bajo el modelo libertario, la caída es sostenida y sin rebote.
¿Ajuste o desangre?
El gobierno defiende su política de “motosierra” como única vía para domar la inflación y ordenar las cuentas públicas. Pero los números muestran que el costo social y productivo es altísimo. Las pymes, que representan el 99,7% de las empresas cerradas, son las principales víctimas del ajuste. Y aunque algunas actividades como salud, minería y agricultura mostraron leves repuntes, no alcanzan para compensar el derrumbe general.
La paradoja es evidente: mientras se celebra el superávit fiscal, el aparato productivo se achica, el consumo cae y miles de familias pierden su sustento. El relato de eficiencia choca con la realidad de una economía que se contrae y de un mercado laboral que se precariza.
¿Y ahora qué?
La pregunta que sobrevuela es si este modelo puede sostenerse sin romper el tejido social. Porque más allá de los números, detrás de cada empresa que cierra hay historias, proyectos, trabajadores y comunidades que quedan a la deriva. Y detrás de cada empleo perdido, hay una familia que ajusta su vida, sus sueños y sus posibilidades.

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