La noticia sacude a la fuerza y a la sociedad: una funcionaria policial de 26 años se debate entre la vida y la muerte tras un intento de autolesión con su arma reglamentaria. El hecho, ocurrido en un complejo de departamentos de Concepción del Uruguay, vuelve a poner en evidencia una realidad que se repite con dolorosa frecuencia: el desgaste humano de quienes integran la Policía entrerriana.
Vecinos tuvieron que forzar la puerta para asistirla y llamar a emergencias. La joven fue trasladada en estado crítico al hospital, con signos vitales pero con una herida de gravedad. La escena, marcada por la desesperación y el silencio, refleja el abandono que sienten muchos efectivos.
La pregunta inevitable es: ¿hasta cuándo? ¿Cuántas vidas más deben quedar al borde del abismo para que el Estado reaccione? La crisis emocional y laboral de los policías no es nueva, pero cada caso desnuda la falta de políticas de contención, acompañamiento psicológico y condiciones dignas de trabajo.
El Ministerio de Seguridad Nestor Roncaglia permanece ausente en un momento en que debería ser protagonista. No alcanza con discursos ni con estadísticas: se necesitan acciones concretas para cuidar a quienes, día tras día, arriesgan su vida en la calle.
Cada efectivo que cae es un golpe a la institución y un recordatorio de que detrás del uniforme hay personas que también necesitan protección. La sociedad exige respuestas y el Gobierno no puede seguir mirando hacia otro lado.
