El dato surge de la Canasta Básica Total (CBT), que mide el umbral de pobreza. Incluye alimentos, transporte, vestimenta, salud, educación y otros gastos esenciales. En paralelo, la Canasta Básica Alimentaria (CBA) —que marca la línea de indigencia— fue de $572.488 para el mismo tipo de hogar.
Variaciones clave:
Ambas canastas subieron un 3,1% respecto a septiembre.
En lo que va del año, la CBT aumentó un 18,5% y la CBA un 21,1%.
En términos interanuales, la CBT subió un 23% y la CBA un 25,2%.
¿Por qué este dato genera tanta polémica?
Porque la cifra oficial no refleja la experiencia cotidiana de millones de familias. Aunque el INDEC utiliza una metodología técnica, la realidad muestra:
Jubilaciones mínimas que no cubren ni la mitad de esa canasta.
Tarjetas de crédito usadas para comprar comida, con deudas que se acumulan mes a mes.
Más changas, más ferias, más trueque.
Más adultos mayores trabajando para sobrevivir.
Más personas revolviendo basura para comer.
En este contexto, la baja de la pobreza que celebra el gobierno se vuelve una ilusión estadística. Porque si una familia necesita $1.276.649 para no ser pobre, pero el salario mínimo es de $250.000, ¿cuántas familias realmente superan ese umbral?
