En Chacabuco 1570, al final del arroyo Cabayú, los vecinos no necesitan despertador: cada mañana los olores cloacales cumplen esa función. Y cada noche, cuando intentan descansar, el aire viciado les recuerda que la solución prometida por el municipio sigue siendo un misterio.
Más de tres años de reclamos. Tres años de notas, llamados, reuniones, promesas. Tres años en los que el municipio asegura estar “buscando la solución”. La pregunta inevitable es: ¿dónde la buscan? ¿En los archivos de obras inconclusas? ¿En los discursos de campaña? ¿En el cajón de las excusas? Porque en la calle, entre los vecinos, la solución nunca apareció.
Información que llega a Digital Top: vecinos de Chacabuco 1570 llevan más de tres años reclamando cloacas, y el municipio sigue diciendo que “está buscando la solución”.
La ironía es brutal: a cinco cuadras del centro, donde se cortan cintas, se pintan cordones y se inauguran plazas con discursos solemnes, hay familias que viven encerradas, respirando aguas servidas. Personas con problemas respiratorios, discapacitados, niños y adultos que deben convivir con lo que el municipio parece considerar un detalle menor.
El gobierno local ha demostrado una habilidad admirable: transformar un problema básico en un misterio sin resolver. Cloacas que no se hacen, soluciones que no se encuentran, vecinos que no se escuchan. Quizás el próximo anuncio sea la creación de una “Secretaría de Búsqueda de Soluciones Perdidas”, con oficinas equipadas para seguir buscando lo que nunca aparece.
Mientras tanto, los vecinos siguen viviendo con las ventanas cerradas, como si el aire libre fuera un lujo. La Paz, ciudad que presume de progreso, tiene un barrio donde el progreso se mide en litros de aguas servidas acumuladas.
La ironía final es que no se pide nada extraordinario: no se pide un shopping, ni un estadio, ni una autopista. Se pide cloacas. Se pide dignidad. Se pide que el municipio deje de buscar en los cajones y empiece a mirar a los vecinos.
Porque la verdadera solución no está perdida: está en la voluntad política de hacer lo que corresponde. Y esa, lamentablemente, parece ser la más difícil de encontrar.
