Este miércoles, miles de estudiantes, docentes, investigadores y trabajadores de la educación se movilizan en todo el país para defender algo más que un presupuesto: defienden el derecho a pensar, a aprender, a construir futuro. En Paraná, la Plaza 1º de Mayo será el punto de partida de una marcha que no es solo entrerriana, sino profundamente nacional.
La universidad pública argentina atraviesa una de sus peores crisis en décadas. El recorte presupuestario, el congelamiento salarial y la falta de actualización de gastos de funcionamiento han puesto en jaque el normal desarrollo de las actividades académicas. Laboratorios paralizados, becas suspendidas, edificios sin mantenimiento, docentes empobrecidos. El ajuste no es abstracto: tiene rostro, tiene consecuencias.
El presidente Javier Milei vetó la ley de financiamiento universitario aprobada por amplia mayoría en el Congreso. Lo hizo en nombre del equilibrio fiscal, pero sin ofrecer alternativas reales para sostener el sistema. Hoy, la Cámara de Diputados intentará revertir ese veto. Y mientras tanto, las calles se llenan de voces que reclaman lo obvio: sin inversión en educación, no hay país posible.
En Entre Ríos, donde la UNER y otras instituciones tienen un rol clave en el desarrollo regional, el impacto es directo. La marcha hacia Casa de Gobierno no es solo un gesto simbólico: es una interpelación al poder político provincial y nacional. ¿Van a mirar para otro lado mientras se desmantela uno de los pilares de la democracia?
La universidad pública no es un gasto: es una inversión. Es el lugar donde se forman médicos, ingenieros, docentes, artistas, científicos. Es el espacio donde se debate, se investiga, se sueña. Defenderla no es una consigna partidaria: es una causa colectiva.
Hoy, quienes marchan lo hacen con libros en la mochila y convicciones en el corazón. Lo hacen por ellos, por los que vendrán, y por un país que no puede resignarse a la ignorancia como política de Estado.
