En la Argentina de hoy, el poder no se disputa en los pasillos del Congreso ni en los sets televisivos. Se disputa en X —la red social antes conocida como Twitter—, donde un solo mensaje puede redefinir alianzas, sepultar carreras y marcar el rumbo de un gobierno. Esta semana, Karina Milei, la hermana del Presidente y secretaria general de la Presidencia, lo dejó claro: emitió un tweet que no fue solo una advertencia, sino una sentencia política.
La interna libertaria, que venía fermentando desde el cierre de listas en la provincia de Buenos Aires, estalló cuando Santiago Caputo, asesor estrella y cerebro comunicacional del mileísmo, vio cómo su grupo —los célebres “gordos twitteros”— era desplazado por completo del armado electoral. La lapicera la tuvo Karina. Y la usó con precisión quirúrgica.
El mensaje de “El Jefe”, como la llama su hermano, fue tajante: “Quien cuestione a quienes llevan esa bandera no está criticando un armado; está cuestionando al Presidente mismo y a la causa que nos trajo hasta acá”. En otras palabras, la lealtad no es una opción: es una condición. Y Caputo, que hasta hace poco formaba parte del triángulo de hierro junto a Javier y Karina, deberá elegir entre subordinación o exilio político.
La disputa no es menor. Caputo representa el ala digital, los militantes virtuales que desde el streaming y las redes construyeron la narrativa libertaria. Karina, en cambio, encarna el poder territorial, el armado duro, la estructura que define candidaturas y controla el partido. Lo que está en juego no es solo una diferencia de estilos, sino la conducción real de La Libertad Avanza.
El episodio recuerda al escándalo de Libragate, también desatado por un tweet. Pero esta vez, el mensaje no fue una provocación: fue una declaración de guerra interna. Y como en toda guerra, ya hay heridos. Los “gordos twitteros” fueron marginados, los operadores digitales silenciados, y Caputo obligado a cerrar su cuenta personal.
Javier Milei intentó calmar las aguas, definiendo a Caputo como “un hermano” y ratificando su rol en la gestión nacional. Pero dejó claro que la estrategia electoral la conduce Karina. El triángulo de hierro sigue existiendo, pero con un vértice más afilado que nunca.
En esta nueva etapa, el mileísmo parece haber abandonado la batalla espiritual para abrazar la batalla del poder. Y en ese terreno, Karina Milei no negocia. No hay espacio para egos ni para “pibes que bancaron desde el principio”. Hay una causa, una lapicera y una jefa.
Y si alguien duda de quién manda, solo tiene que escuchar el canto del pajarito.

