En el marco del programa “Plan Mi Vereda”, la Municipalidad avanza con la construcción de nuevas veredas en el Hogar de Ancianos, una obra que, aunque pueda parecer sencilla, tiene un impacto profundo en la vida cotidiana de quienes transitan ese espacio. La accesibilidad, la seguridad y la comodidad no son lujos: son derechos básicos que, en este caso, se materializan en concreto y baldosas.
La iniciativa busca garantizar que los adultos mayores puedan desplazarse con mayor autonomía y confianza. Una vereda en condiciones significa menos caídas, más movilidad y, sobre todo, un entorno que reconoce la dignidad de quienes han dado tanto a la comunidad. Sin embargo, la intriga se instala: ¿estamos ante un gesto aislado de mejora urbana o frente a una política sostenida de inclusión que realmente prioriza a los sectores más vulnerables?
El Hogar de Ancianos se convierte en símbolo de una ciudad que intenta crecer con solidaridad. La construcción de la vereda no solo es infraestructura: es también un mensaje político y social. Acompañar el crecimiento de este espacio implica reconocer que el bienestar de los adultos mayores es parte esencial de la calidad de vida comunitaria.
La pregunta que queda abierta es si este tipo de obras se replicará en otros espacios de la ciudad, consolidando un modelo de urbanismo inclusivo, o si quedará como una acción puntual que, aunque valiosa, no alcanza para transformar la realidad de quienes más necesitan apoyo.
En definitiva, el Plan Mi Vereda avanza, y con él la esperanza de que cada paso dado sobre esas nuevas baldosas sea también un paso hacia una comunidad más justa y comprometida.
