En medio de una creciente disputa comercial y política, Pablo Cortese presentó su renuncia como presidente del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa). La salida del funcionario, con 33 años de trayectoria en el organismo, se da tras menos de ocho meses de gestión y en el epicentro de una guerra entre laboratorios veterinarios por la importación de vacunas contra la fiebre aftosa.
El conflicto que detonó la renuncia
La gestión de Cortese habilitó una flexibilización en la importación de productos veterinarios, en línea con la política de desregulación impulsada por el gobierno de Javier Milei. Esta medida, celebrada por el Ejecutivo como una forma de reducir costos para el campo, generó un fuerte rechazo por parte de los laboratorios nacionales, que denunciaron una competencia desleal y falta de controles sanitarios.
El punto de quiebre fue la aprobación del ingreso de 8.300 dosis de la vacuna “Ourovac aftosa Biv”, elaborada por el laboratorio brasileño Ourofino e importada por Tecnovax SA. El laboratorio Biogénesis Bagó respondió con una carta documento y una solicitud formal de información al secretario de Agricultura, Sergio Iraeta, cuestionando la legalidad y transparencia del proceso.
Cortese, entre la técnica y la política
De perfil técnico y bajo perfil público, Cortese había asumido el cargo con la llegada del gobierno libertario. Su renuncia fue atribuida oficialmente a “motivos personales”, aunque fuentes del sector señalan un aislamiento creciente frente a las presiones del Ejecutivo y del sector privado. El presidente Javier Milei y el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, respaldaron públicamente la apertura del mercado: “Vamos a tener vacunas a mitad de precio”, dijo Milei en la Expo Rural.
Sucesión en marcha
La reemplazante será la ingeniera agrónoma María Beatriz “Pilu” Giraudo, ex presidenta de Aapresid y ex vicepresidenta del INTA, quien asumirá formalmente en los próximos días. Giraudo es reconocida por su enfoque en agricultura sustentable y por haber ocupado cargos públicos durante las gestiones de Mauricio Macri y Javier Milei.
Conclusión editorial:
La renuncia de Cortese no es solo un cambio de nombres en el organigrama estatal: es el síntoma de una reconfiguración profunda en la política sanitaria agropecuaria, donde la desregulación, los intereses privados y la urgencia por reducir costos chocan con los estándares técnicos y la soberanía sanitaria. En esta “guerra de laboratorios”, el Senasa queda como campo de batalla, y la salud del rodeo nacional como rehén.
