Vidal, convicciones en tiempos de alianzas

Vidal, convicciones en tiempos de alianzas

En medio del cierre de alianzas para las elecciones legislativas de octubre, María Eugenia Vidal decidió desmarcarse del acuerdo entre el PRO y La Libertad Avanza (LLA) en la Ciudad de Buenos Aires. Su frase —“No negocio mis convicciones”— no solo marca una postura política, sino que desnuda las tensiones internas de un partido que, tras dos décadas de hegemonía porteña, enfrenta su mayor crisis de identidad.
Vidal no será candidata, no integrará ninguna lista, ni siquiera hará campaña. Lo comunicó con claridad: “No vale todo por un cargo”. Su decisión, lejos de ser una renuncia, es una afirmación. Una forma de decir que la política no puede reducirse a pactos tácticos ni a supervivencias electorales. Que hay límites que no se cruzan, incluso cuando el pragmatismo lo exige.
El acuerdo entre el PRO y LLA, impulsado por Mauricio Macri y negociado por Karina Milei, implica que los libertarios encabezarán las listas en CABA, relegando al PRO a posiciones secundarias. No habrá logo amarillo, ni color institucional. Solo una boleta violeta con candidatos libertarios y algunos nombres macristas en los puestos 5 y 6. Para Vidal, esto representa una claudicación. Una cesión de identidad que no está dispuesta a acompañar.
Su decisión también refleja un cambio de época. El PRO, que supo gobernar simultáneamente la Nación, la Provincia y la Ciudad, hoy se ve absorbido por una fuerza emergente que impone condiciones y redefine el tablero. En ese contexto, Vidal opta por preservar valores, aunque eso implique quedarse afuera.
Desde la Fundación Pensar, espacio que preside, seguirá trabajando en la renovación del partido. No se va de la política, pero tampoco se acomoda. En tiempos donde muchos saltan de partido en partido, ella elige quedarse, pero sin callar.
La pregunta que queda flotando es si el electorado premiará la coherencia o castigará la ausencia. Si el PRO podrá sostener su identidad en medio de una alianza que lo diluye. Y si figuras como Vidal, que encarnan una política con límites, tienen lugar en un escenario cada vez más polarizado.
Por ahora, su gesto es claro: no todo vale. Y en esa frase, quizás, haya más política que en muchas boletas.

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