Manuel Adorni atraviesa su momento más delicado desde que asumió como jefe de Gabinete. Pese al respaldo explícito de los Milei, su futuro político pende de un hilo. La conferencia de prensa fallida, sumada a las investigaciones judiciales que lo acechan, han debilitado su posición y abierto un escenario de incertidumbre dentro del oficialismo.
El juez Ariel Lijo avanza en la causa por presunto enriquecimiento ilícito, lo que genera temor en sectores del gobierno. La posibilidad de que el vocero convertido en jefe de Gabinete quede comprometido judicialmente acelera las especulaciones sobre su salida. En paralelo, Santiago Caputo, asesor clave del presidente, aprovecha los resultados positivos de su gestión para consolidar su influencia y resistir con los suyos, marcando territorio en la interna libertaria.
En medio de esta crisis, información que llega a *Digital Top* confirma que ya hay sectores internos que dan por descontada la salida de Adorni en el corto plazo. Nadie se atreve a fijar una fecha, pero los nombres de posibles sucesores ya circulan con fuerza: el canciller Pablo Quirno y Diego Santilli aparecen como alternativas, en un intento de evitar que un Menem ocupe ese lugar estratégico.
La situación expone las tensiones internas de un gobierno que se presenta como monolítico pero que, en la práctica, enfrenta disputas de poder y contradicciones profundas. La figura de Adorni, que supo ser el rostro comunicacional del oficialismo, hoy se encuentra debilitada y cuestionada. Su continuidad depende tanto de la evolución judicial como de la capacidad de sus aliados para resistir las presiones internas.
En definitiva, Manuel Adorni está en la cuerda floja. El respaldo de los Milei puede darle aire, pero la política y la justicia avanzan con dinámicas propias. La pregunta que sobrevuela es si el gobierno logrará sostenerlo o si su salida se convertirá en el primer gran golpe interno de una gestión que prometió romper con la “casta” pero que ya muestra fisuras en su propio núcleo de poder.
