En el segundo año de gestión de Javier Milei, Argentina retrocedió cinco lugares en el Índice de Percepción de la Corrupción 2025, elaborado por Transparencia Internacional. El país pasó del puesto 99 en 2024 al 104 en 2025, sobre un total de 182 naciones, con una calificación de 36 puntos sobre 100.
En Digital Top, la noticia refleja la contradicción entre el discurso oficial contra la “casta política” y los resultados concretos en materia de transparencia. Pese a las promesas de combatir las prácticas corruptas, la percepción internacional muestra un retroceso que golpea la credibilidad del Gobierno y expone la persistencia de irregularidades en la gestión pública.
El informe de Transparencia Internacional se conoció en medio de causas judiciales que involucran a exfuncionarios y referentes de cooperativas, procesados por presuntas defraudaciones millonarias. Estos casos refuerzan la idea de que la corrupción sigue siendo un problema estructural, difícil de erradicar incluso con un discurso de confrontación permanente.
La caída en el ranking no es solo un dato estadístico: afecta la confianza de los ciudadanos, la imagen del país en el exterior y la capacidad de atraer inversiones. La transparencia y la rendición de cuentas son pilares fundamentales para consolidar instituciones sólidas, y el retroceso en este índice plantea interrogantes sobre la efectividad de las políticas implementadas.
Más allá de la coyuntura política, lo que está en juego es la credibilidad del Estado argentino frente al mundo y frente a su propia sociedad. El desafío será transformar las consignas en acciones concretas que logren revertir la tendencia y demostrar que la lucha contra la corrupción es más que un eslogan.
