CARTA ABIERTA DE EMPLEADOS MUNICIPALES El diablo vestido de cordero

CARTA ABIERTA DE EMPLEADOS MUNICIPALES El diablo vestido de cordero

 

Llegaste al sillón de Zorraquín disfrazado de salvador. Con promesas grandilocuentes y discursos vacíos. Prometiste seguridad laboral al empleado municipal. Prometiste salarios dignos. Prometiste cuidar a los trabajadores y gobernar para el pueblo.

Mentiste.

Y no hay que olvidar algo fundamental: todas esas promesas las hiciste frente a toda la comunidad, de cara a los vecinos, en los debates públicos de plena campaña. No fueron charlas privadas ni frases sacadas de contexto. Están grabadas. Están disponibles. Si alguien duda, solo tiene que ir a YouTube, volver a ver esos debates y comprobar cómo cada una de esas palabras se convirtió en mentira.

A dos años de tu gestión, no hay dignidad, no hay cuidado y no hay soluciones. Hay despidos. Hay ajuste. Hay abandono. Y hay un poder ejercido con soberbia y crueldad.

Te sacaste la careta. Hoy sos el Judas de Concordia.

Traicionaste a los trabajadores municipales de la peor manera: dejándolos en la calle. Más de 130 familias empujadas al abismo en una ciudad donde no hay empleo, donde las oportunidades no existen y donde el Estado debería ser refugio, no verdugo. No fue un error. Fue una decisión política. Fría. Calculada. Miserable.

Cerraste parcialmente Radio Ciudadana, un medio público, comunitario y plural. Lo hiciste para callar voces, para concentrar el micrófono, para satisfacer a un pequeño grupo de privilegiados que te rodea y te aplaude. Dijiste que la radio se apagaba. Otra mentira. La radio sigue transmitiendo, resistiendo, esperando. Esperando a que aparezca algún empresario amigo, de afuera, a quedarse con lo que es de todos. Vendiste humo. Otra vez.

Y mientras tanto, planificás privatizar el sector de recolección de residuos.

Ups… pensaste que nadie lo sabía.

Eso también forma parte de tu modelo de ciudad: achicar el Estado cuando se trata de trabajadores y vecinos, pero abrir el negocio cuando aparecen intereses privados. Siempre los mismos ganadores. Siempre los mismos perdedores.

Tu gestión no construye. Destruye.

Destruye derechos. Destruye trabajo. Destruye confianza.

Mientras tanto, subís impuestos y asfixiás al vecino común. Siempre al mismo. Al que no tiene lobby, ni apellido, ni negocios con el poder.

Hoy está claro quiénes ganan y quiénes pierden. Está claro quiénes se enriquecen y quiénes pagan el costo. El pueblo ajusta. Unos pocos festejan.

Pero no te equivoques.

La historia no absuelve a los traidores. A todo Judas le llega su hora. Y cuando caigas, no será en silencio. Será ante la mirada de toda una comunidad que despertó, que recuerda y que no olvida.

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