La morosidad en bancos y entidades financieras volvió a crecer en Argentina, y esta vez afecta también a sectores de mayor poder adquisitivo, según un informe reciente de SIISA basado en datos del Banco Central. El ratio de irregularidad del crédito que incluye préstamos personales, tarjetas, hipotecarios y prendarios se ubicó en 3,7%, con un salto de medio punto respecto al mes anterior. Las moras menores a 90 días, que solían rondar el 2%, escalaron al 5%.
Este fenómeno marca un cambio de tendencia preocupante: ya no se trata solo de los sectores más vulnerables, sino también de profesionales, comerciantes y asalariados formales que comienzan a tener dificultades para sostener sus compromisos financieros. El crédito, que históricamente funcionó como herramienta de desarrollo y consumo, hoy se convierte en una carga difícil de sostener, incluso para quienes antes lo manejaban con holgura.
Desde FM TOP 103.3, observamos que esta situación no es solo económica, sino estructural. La caída del salario real, el aumento de tasas, la inflación persistente y la falta de previsibilidad han erosionado la capacidad de pago de miles de argentinos, generando un efecto dominó en el sistema financiero.
Los bancos, por su parte, endurecen controles y refuerzan alertas tempranas, pero el problema de fondo sigue siendo el mismo: una economía que no da respiro, y un modelo de crédito que ya no se adapta a la realidad social.
En Entre Ríos, y especialmente en ciudades como La Paz, el acceso al crédito se ha vuelto más restrictivo, y muchos emprendedores locales enfrentan condiciones cada vez más exigentes para sostener sus actividades. El impacto no es solo financiero: es emocional, comunitario y productivo.
La morosidad no es un número: es el reflejo de una sociedad que se endeuda para sobrevivir, y que ya no puede sostener ni lo básico. Y si los sectores de mayores ingresos empiezan a caer, la fragilidad del sistema se vuelve evidente.
