Lo que comenzó como un gesto solidario en Ceibas terminó derivando en una de las denuncias más graves de los últimos tiempos en la región. Vecinos de la localidad entrerriana iniciaron el viernes una cadena de ayuda para asistir a una familia que se encontraba en precarias condiciones de supervivencia en una garita de colectivos sobre la Ruta Nacional 12. Sin embargo, la difusión de las imágenes en redes sociales disparó un alerta: el hombre que aparecía en la foto fue identificado como Claudio David Lizarraga, de unos 50 años, acusado de haber llevado a su propia hija y a dos niñas con fines de explotación sexual.
La información inicial compartida por los vecinos pedía colaboración con alimentos, frazadas y calzado. La escena mostraba a un hombre, una mujer joven y dos niñas, supuestamente en tránsito hacia Rosario. Pero pronto comenzaron a circular denuncias que lo señalaban como un personaje siniestro, con antecedentes de amenazas y violencia.
La periodista Carolina Bisgarra (Telefé) relató que Lizarraga reapareció tras 18 años para acercarse a su hija de 19 años, quien vivía en Solano (Gran Buenos Aires) con su pareja y dos hijitas. Según testimonios, el hombre se instaló en la casa familiar y poco después desapareció con la joven y las niñas. Su hijo Tomás denunció que Lizarraga lo amenazó con violarlo y con hacerlo desaparecer si lo denunciaba, asegurando que se llevaría a su hermana y a sus sobrinas a un prostíbulo del sur para explotarlas.
La Policía de Entre Ríos intervino en la noche del viernes y trasladó a las niñas al Hospital Eva Duarte de Ceibas para recibir asistencia y evaluaciones médicas. La joven mujer declaró que no estaba allí contra su voluntad, aunque la investigación continúa para determinar el grado de coerción y manipulación ejercido por Lizarraga.
El caso, que ahora se encuentra bajo investigación conjunta entre la Comisaría de Ceibas y autoridades de Buenos Aires, expone la vulnerabilidad de las víctimas y la necesidad de reforzar los mecanismos de protección frente a la trata y explotación sexual. La solidaridad inicial de los vecinos permitió visibilizar una situación que, de otro modo, podría haber pasado inadvertida.
La sociedad entrerriana observa con estupor cómo un pedido de ayuda derivó en la revelación de un entramado de violencia y explotación. El desafío ahora es garantizar la seguridad de las víctimas y llevar a la Justicia a un hombre señalado por su propia familia como un peligro para sus hijas y nietas.
