Este lunes, docentes de la Asociación Gremial de Docentes Universitarios (AGDU) y trabajadores nodocentes de Apuner iniciaron un nuevo paro de 48 horas sin concurrencia, en el marco de la tercera semana de medidas rotativas definidas a nivel nacional. La protesta, que ya se ha vuelto parte del paisaje universitario, no es una rutina: es un grito sostenido por dignidad.
El reclamo es claro y urgente: recomposición salarial y mayor presupuesto para las universidades nacionales. En un contexto de inflación persistente y ajuste presupuestario, los sueldos docentes han perdido poder adquisitivo, y el funcionamiento académico enfrenta serias dificultades. La situación se agrava con el posible veto presidencial a la Ley de Financiamiento Universitario, recientemente aprobada en el Senado.
Desde AGDU y Apuner, el mensaje es firme: “Si hay veto, hay marcha”. Y no es una amenaza, sino una advertencia sobre el límite que se está cruzando. La Tercera Marcha Federal Universitaria, impulsada por Conadu, ya se proyecta para septiembre como una nueva instancia de visibilización y unidad.
Este conflicto no es solo gremial. Es político, social y cultural. Porque defender la universidad pública, gratuita y de calidad es defender el futuro de miles de jóvenes, el desarrollo regional y el derecho al conocimiento. Y porque cuando los docentes paran, no lo hacen por capricho: lo hacen porque enseñar ya no alcanza para vivir.
