En medio de rutas destruidas, puentes socavados y localidades aisladas por las tormentas que azotan a Entre Ríos, el director de la Dirección Provincial de Vialidad (DPV), Exequiel Donda, decidió tomarse vacaciones en el Caribe. La noticia, lejos de pasar desapercibida, generó una ola de indignación entre trabajadores viales, vecinos afectados y sectores políticos que reclaman explicaciones urgentes.
Mientras los entrerrianos enfrentan caminos intransitables, cortes de ruta y una infraestructura vial al borde del colapso, el funcionario se ausenta de sus responsabilidades en un momento crítico. Zonas como Rosario del Tala, Basavilbaso, Feliciano, Seguí y Villa Urquiza reportan daños severos, y en Paraje La Mulita, los vecinos denuncian puentes destruidos e inundaciones que impiden el tránsito.
La bronca no se limita al terreno político. Empleados de Vialidad expresaron su malestar ante lo que consideran una gestión desconectada, marcada por la desidia y el silencio gremial. El temor a ser desplazados por Consorcios Camineros y la amenaza de una posible privatización agravan el clima interno.
El viaje de Donda, más allá del destino, se convierte en símbolo de una gestión que parece mirar hacia otro lado mientras la provincia se hunde en el barro. En tiempos donde se exige compromiso, presencia y respuestas, la imagen de un funcionario en la playa mientras los caminos se derrumban es más que desafortunada: es una falta de respeto.
La ciudadanía entrerriana merece explicaciones, pero sobre todo, merece funcionarios que estén a la altura de las urgencias. Porque cuando el Estado se ausenta, el abandono se vuelve institucional.
