El ex jefe de Policía de Rosario, Daniel Acosta, fue detenido junto a otros altos mandos en el marco de una investigación por corrupción vinculada al desvío de fondos destinados a la carga de combustible de patrulleros. La causa también involucra a su entorno cercano, incluido personal administrativo, y ya suma más de una decena de imputados.

El ex jefe de Policía de Rosario, Daniel Acosta, fue detenido junto a otros altos mandos en el marco de una investigación por corrupción vinculada al desvío de fondos destinados a la carga de combustible de patrulleros. La causa también involucra a su entorno cercano, incluido personal administrativo, y ya suma más de una decena de imputados.

 

 

La Policía sin nafta, la corrupción con tanque lleno
La investigación por el millonario desvío de fondos destinados a la carga de combustible en patrulleros de la Policía de Rosario terminó por desnudar lo que muchos intuían: la seguridad en la ciudad no se queda sin nafta por falta de presupuesto, sino porque la corrupción consume desde adentro lo que debería garantizar el patrullaje.
El escándalo
Tres ex jefes de distintas áreas de la Unidad Regional II Daniel Acosta, Diego Santamaría y Héctor Saucedo fueron detenidos junto a otros funcionarios y personal policial en actividad.
La trama revela un sistema aceitado de cargas “fantasma” de combustible, que durante años habría drenado millones de pesos del erario público.
Los allanamientos, trece en total, dejaron nueve detenidos y material secuestrado que compromete aún más a la estructura investigada.
La paradoja
La policía que debía garantizar seguridad en Rosario aparece ahora como protagonista de un fraude que debilitó su propia capacidad operativa. Mientras la violencia urbana y el narcotráfico avanzaban, los patrulleros quedaban inmovilizados por un esquema que desviaba fondos destinados a su movilidad.
El trasfondo institucional
El caso expone la fragilidad de los controles internos y la complicidad de mandos que, lejos de combatir el delito, lo practicaban con sello oficial.
La corrupción se vuelve doblemente grave cuando afecta a una fuerza que debería ser el último resguardo frente al crimen.
Una señal de alarma
La detención de ex jefes de áreas clave Caballería, GTM, Logística, Policía Adicional y Medicina Legal muestra que el fraude no fue un hecho aislado, sino una red extendida. La justicia deberá determinar responsabilidades, pero la sociedad ya percibe el daño: la confianza en la institución policial está en su punto más bajo.

Este editorial busca subrayar la ironía y la indignación: la policía sin combustible, la corrupción con tanque lleno. Un símbolo de cómo la descomposición institucional no solo roba recursos, sino también la esperanza de seguridad en una ciudad que vive bajo el humo del delito.

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