El último dato del Producto Bruto Interno (PBI) trajo alivio al Gobierno, pero también expuso una radiografía incómoda de la economía argentina. El PBI avanzó 2,3% interanual en el primer trimestre de 2026 y encadenó siete períodos consecutivos de expansión desde 2024. Sin embargo, detrás del crecimiento aparece un modelo que destruye empleo formal y hunde la inversión, lo que varios economistas describen como una “peruanización” de la estructura productiva.
El informe de la consultora ACM muestra que el rebote se explica por la primarización: agro, minería, exportaciones y finanzas lideran la expansión, mientras la industria y el comercio —los sectores que más empleo urbano generan— retroceden. La inversión cayó 11,6%, con desplomes en maquinaria, equipo de transporte y construcción.
El frente externo fue el motor: las exportaciones crecieron 9,8%, mientras las importaciones se redujeron 7,5%. Es una economía que vende más y compra menos, pero con bajo impacto en la generación de puestos de trabajo.
Los datos laborales son elocuentes. Según el SIPA, en marzo la industria perdió más de 5.000 empleos, el comercio 2.147 y el transporte 1.576. En contraste, la agricultura sumó apenas 871 puestos y la minería 434. El saldo es claro: donde más gente trabaja, se destruye empleo; donde crece el modelo, la creación es marginal.
Economistas como Guillermo Michel y Santiago Battista advierten que el modelo de Milei está acelerando una transformación productiva que expulsa trabajadores del mercado formal y los empuja a la informalidad. Entre 2024 y 2026, la población ocupada creció en 358 mil personas, pero los formales cayeron en 246 mil, mientras los informales aumentaron en 604 mil.
El salario también se deteriora. Según el CELID, cada trabajador perdió el equivalente a cinco sueldos desde noviembre de 2023, y la masa de ingresos formales sigue por debajo de ese nivel.
La paradoja es histórica: desde 1993 no se registraba un escenario de cuatro trimestres consecutivos con caída de la inversión y expansión del PBI. El crecimiento existe, pero no se traduce en empleo ni en mejoras salariales. Es un modelo que fortalece sectores primarios y financieros, mientras erosiona la base laboral urbana.
