La Ciudad Autónoma de Buenos Aires se encamina hacia las elecciones legislativas del 26 de octubre con un escenario político que parece consolidar una tendencia: la alianza entre La Libertad Avanza (LLA) y el PRO duplica la intención de voto del peronismo en las categorías de diputados y senadores. Los sondeos más recientes, como los realizados por Synopsis y Poliarquía, muestran que el oficialismo libertario, en alianza con el partido fundado por Mauricio Macri, se posiciona como la fuerza dominante en el distrito más afín a las ideas de mercado y orden institucional.
Patricia Bullrich, ministra de Seguridad, encabeza la lista para el Senado por LLA-PRO, acompañada por el economista Agustín Monteverde y el secretario de Educación Carlos Torrendell. Para la Cámara de Diputados, el abogado Alejandro Fargosi lidera la nómina, seguido por Patricia Holzman, Nicolás Emma y Sabrina Ajmechet. Se trata de figuras con fuerte perfil técnico, alineadas con el discurso presidencial de ruptura con la “casta política” y defensa de la libertad individual.
Del otro lado, el peronismo nucleado en Fuerza Patria presenta a Itaí Hagman como principal candidato a diputado, acompañado por Kelly Olmos, Santiago Ruperto y Lucía Cámpora. Para el Senado, Mariano Recalde buscará renovar su banca junto a Ana Arias. A pesar del esfuerzo por mostrar unidad, el espacio enfrenta dificultades para recuperar terreno en un distrito históricamente adverso, donde el electorado castiga con dureza cualquier vínculo con el kirchnerismo.
La diferencia en intención de voto no solo refleja preferencias ideológicas. También evidencia una estrategia territorial más eficaz por parte de LLA y el PRO, que han logrado capitalizar el descontento social con propuestas disruptivas, apelando a la seguridad, la eficiencia estatal y la reducción del gasto público. En cambio, el peronismo porteño parece atrapado en una narrativa defensiva, sin lograr articular una propuesta que seduzca a los sectores medios y jóvenes.
La elección en CABA será clave para definir el equilibrio de fuerzas en el Congreso. El distrito renueva tres bancas en el Senado y trece en Diputados. Si se confirma la tendencia, LLA-PRO podría quedarse con dos senadores y al menos ocho diputados, lo que fortalecería la posición legislativa del oficialismo nacional. El peronismo, en cambio, corre riesgo de perder representación, lo que debilitaría su capacidad de negociación en temas sensibles como el presupuesto, las reformas estructurales y el control institucional.
Más allá de los números, lo que está en juego es el modelo de país que se proyecta desde la capital. CABA no solo vota legisladores: define el tono político de la oposición, la viabilidad de las alianzas y el margen de maniobra del Gobierno. En ese sentido, la elección de octubre podría marcar un punto de inflexión. O bien consolidar el rumbo libertario, o bien abrir una nueva etapa de recomposición para el peronismo urbano.
La campaña ya está en marcha. Y los resultados, aunque aún inciertos, empiezan a dibujar un mapa que no solo refleja preferencias electorales, sino también estados de ánimo, demandas sociales y horizontes políticos.
