Hay cosas que ya no se pueden callar. Lo que está ocurriendo hoy en la educación entrerriana es una de ellas. Porque no estamos discutiendo un recorte más: estamos discutiendo la dignidad de la provincia, el derecho al futuro y, sobre todo, el destino de nuestros gurises.
El ajuste no cayó por casualidad. Cayó donde más duele, donde puede dejar marcas profundas, donde puede romper silenciosamente todo lo que costó décadas construir.
Los Institutos Superiores: la incertidumbre como política de Estado
Los Institutos Superiores sobreviven a fuerza de pulmón. A fuerza de docentes que ponen lo que no tienen, de estudiantes que sostienen lo insostenible, y de decisiones que llegan desde escritorios donde nadie parece conocer lo que es un aula de verdad.
La educación superior entrerriana está siendo empujada a un borde peligroso:
Carreras que no se garantizan.
Planes que se desarman.
Cupos que se achican.
Reglas que cambian a mitad de camino.
Así no se forma un docente.
Así no se forma un técnico.
Así no se construye una provincia.
Un Instituto sin previsión es una escuela de humo. Y Entre Ríos no merece humo.
Escuelas técnicas: un ajuste al futuro
El ajuste más salvaje, injusto y destructivo está cayendo sobre las escuelas técnicas y agrotécnicas. Más de 100 establecimientos entrerrianos quedaron de golpe sin el Fondo Nacional que financiaba talleres, herramientas, mantenimiento, prácticas e insumos.
¿Y qué es una técnica sin eso?
Una técnica sin insumos es un dibujo.
Un taller sin materiales es una maqueta rota.
Un chico sin práctica es un futuro cancelado.
En los pueblos, donde la escuela técnica es a veces la única puerta a un trabajo digno, el ajuste pega directo en el corazón de la comunidad. Le corta las alas al que quería quedarse en su tierra. Le corta las manos al que quería aprender un oficio. Le corta el arraigo al interior.
Esto no es ahorro. Esto es abandono.
La pregunta inevitable
¿Qué provincia quieren? ¿Una Entre Ríos sin técnicos, sin maestros, sin futuro?
Es fácil hablar de números cuando no se ve la cara de los gurises.
Es fácil recortar desde Buenos Aires cuando no se pisa un taller de Villaguay, un aula de La Paz, un instituto de Concordia, una técnica de Federal o una agrotécnica de Feliciano.
Pero Entre Ríos sí ve.
Entre Ríos sí entiende.
Y Entre Ríos no se resigna.
No callarse es el primer acto de defensa
Cada vez que una comunidad educativa se planta, algo se quiebra del lado del ajuste.
Cada vez que un docente habla, una mentira cae.
Cada vez que un estudiante resiste, se sostiene un pedazo del futuro.
Entre Ríos ya demostró que cuando el destino de sus gurises está en juego, sabe ponerse de pie. El ajuste pasará, como pasaron otros. Pero lo que no puede pasar es nuestra indiferencia.
Esta es la hora de defender lo que somos.
De cuidar lo que nos hizo crecer.
De no entregar ni un solo taller, ni una sola carrera, ni un solo pibe a la lógica del recorte.
Porque si dejamos que nos apaguen la educación, nos apagan la provincia.
Y Entre Ríos con sus pueblos, sus maestros, sus gurises y su orgullo no está hecha para apagarse.
