En Entre Ríos, hay 87 historias que todavía no encuentran su final feliz. Son niñas, niños y adolescentes que esperan, cada uno con su mochila de silencios, preguntas y sueños, una familia que los mire sin condiciones, que los nombre sin apellidos institucionales, que los abrace sin protocolos.
No están esperando juguetes, ni viajes, ni promesas vacías. Están esperando algo más simple y más difícil: un lugar donde ser queridos sin fecha de vencimiento.
La mayoría tiene más de ocho años. Algunos son hermanos que no quieren ser separados. Otros tienen diagnósticos que asustan a quienes buscan “niños sanos”. Pero todos tienen algo en común: el deseo profundo de pertenecer.
El Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos (RUAER) abrió una nueva convocatoria. Será del 11 al 25 de agosto. No es una campaña más. Es un llamado a la sensibilidad, a la responsabilidad, a la ternura activa. Porque detrás de cada número hay un nombre, una mirada, una historia que merece ser contada en presente.
No se trata solo de adoptar. Se trata de reparar. De entender que el amor no siempre llega en pañales, que a veces viene con cicatrices, con preguntas difíciles, con miedos que no se curan con frases hechas. Pero también con una fuerza vital que conmueve: la de quienes, a pesar de todo, siguen esperando.
En tiempos donde el Estado recorta, la política se fragmenta y la sociedad se endurece, estos 87 chicos nos recuerdan que hay urgencias que no salen en los diarios, pero laten en cada hogar que falta.
